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El año pasado, 2 millones 500 mil menores vivían en refugios, desamparados en las calles, dormían en vehículos o tenían que llegar a campamentos de protección. El informe no se refiere a inmigrantes, quienes sufren otras graves dificultades. Muchos niños latinos viven en hogares inseguros, víctimas de la violencia doméstica, mal nutridos, con precaria salud y dificultades de aprendizaje en una cultura extraña para ellos.

Del 2012 al 2013, el número de niños sin hogar aumentó un 8%. Esa estadística parece de una nación del tercer mundo, pero no de la primera potencia económica.

Se cree que las causas principales son: las altas tasas de pobreza, falta de vivienda asequible, las desigualdades raciales, retos de la crianza de las madres solteras, la violencia doméstica, otras experiencias traumáticas, y los efectos persistentes de la recesión.

En uno de los estados más afectados, California, viven 527 niños sin hogar. Afortunadamente, Massachusetts, Nebraska y Minnesota no han tenido ese aumento. Una causa para la desintegración del hogar y la falta de vivienda es la deportación del padre, que se deriva en depresión para la madre y sentimiento de abandono y soledad para los menores.

El nuevo proyecto de ley “Niños de la calle y Ley de la Juventud de 2014”será estudiado por el nuevo Congreso el próximo año. Las entidades sin ánimo de lucro que trabajan para la comunidad no cuentan con recursos para solucionar tan creciente problema.

Quienes venimos de otras naciones comprendemos la situación y podemos ayudar. No le dejemos todo al gobierno. La unión entre familias, amigos y vecinos puede ser un remedio para que los niños se sientan acompañados y tengan entusiasmo para adaptarse a esta cultura.El calor humano, el afecto y la comprensión pueden más que otras soluciones.

Tratemos a los niños con el respeto y amor que merecen.

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