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A Venezuela hay que ponerle cuidado

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Por ARMANDO CARDONA CATAÑO
Periodista colombiano
armandoca@une.net.co

Son muchos los factores que están jugando en torno de la crisis venezolana y quizá para algunos gobiernos,  especialmente de América, lo que allí sucede pareciera no interesarles, o lo que  sería más grave, están a la expectativa de entenderse con el sobreviviente  de la pugnaz refriega que se vive tras el cuestionado proceso electoral que culminó con el triunfo de Nicolás Maduro y la iracunda reclamación de fraude que invoca la oposición.

No se trata de estimular una indebida intromisión en los asuntos internos de Venezuela, sino mirar con preocupación la radical polarización que allí se registra y explorar posibles mediaciones diplomáticas que acerquen a las partes en un escenario de diálogo patriótico, antes que lo peor pueda llegar, o cuando ya sea demasiado tarde.

La oposición reclama el triunfo y  rechazó  el remedo de auditoría que el Consejo Nacional Electoral estableció, porque considera que este no es garante de la verdad y por tanto se anticipó  a desconocerla,  por lo que hay que   aceptar que la aguda confrontación continúa en desmedro de todo el espectro social, político y económico de la nación que tiene las más grandes reservas de petróleo del mundo.

Entre tanto, las países que integran el grupo ALBA, todos de marcado perfil socialista avivan la hoguera de la discordia expresando respaldos, que aunque son aceptables desde su perspectiva ideológica, son distantes de una invitación a la cordialidad entre los venezolanos, a sabiendas de que los resultados electorales, aun admitiendo el triunfo de Maduro, lo fue por una escasa diferencia que evidencia que Venezuela está irremediablemente partida en dos.

Afirmaciones como las del Presidente de Ecuador, Rafael Correa, en el sentido de que el candidato Enrique Capriles es un golpista, no son de recibo cuando este  lo que está pidiendo es limpieza electoral para admitir su derrota o reclamar  su triunfo tras una auditoría que se ajusta a la ética y a la verdad.

Por su parte el “poder tras el trono” como podría calificarse la asesoría cubana, encarnada por los hermanos Castro, ha jugado un definitivo papel, porque aunque no se han hecho públicas agresiones y descalificaciones ofensivas, se siente en la sombra su notable influjo, como lo demuestra el hecho de que la primera visita internacional realizada por el Presidente Maduro, ha sido precisamente a la Habana, lo que ratifica la enorme dependencia que tiene Venezuela de Cuba.

Eso podría ser lo que  se entendería desde la perspectiva de los países que integran el referido grupo, porque vistas las cosas desde la otra orilla, es decir de los calculadores como Brasil, Perú y Colombia, entre otros, hacen poco por debilitar o enfriar el polvorín venezolana y se limitan a mirar el desarrollo de los sucesos, cuando una mediación suya podría ser útil, oportuna y necesaria.

Y qué decir de los diametralmente opuestos como los Estados Unidos, cuyo abandono de América ha estimulado la progresión de un socialismo a la medida castrista,  que aprovecha ese vacío para ganar terreno, no solo en el campo de las ideas, sino para reconquistar la presencia en varios de ellos en donde alguna vez las tuvo, especialmente en vida del Che Guevara, quien en la etapa final de su  acción guerrillera, consideró que esta parte de América era propicia para incrementarla, y quien fracasó, primero al ver en Colombia una guerrilla dividida y luego encontrar la muerte en Bolivia, en donde no halló campo abonado.

Cada día que pasa la situación se torna más peligrosa. La detención  del ex general Antonio Rivero miembro del partido opositor Voluntad Popular y la golpiza y heridas en el recinto del Congreso Nacional de miembros discrepantes del gobierno de Maduro, constituyen una provocación que tendrá sus consecuencias, a las cuales necesariamente habrá que agregarle lo que pueda resultar de la auditoría.

Todo lo anterior permite configurar el sombrío panorama venezolano, que sin convertirnos en aves de mal agüero, nos lleva  a  afirmar que las cosas todos los días son más críticas tras la muerte de Chávez, lo que permite compartir la afirmación del refranero popular que se acomoda a la perfección en el presente caso: “estábamos mejor cuando estábamos peor”.

Los sucesos de Venezuela tienen enorme repercusión en Colombia, porque no sólo es el refugio más próximo de quienes tienen que huir o buscan alternativas periodísticas para denunciar los atropellos de que son víctimas, sino  porque su extensa frontera de más de doscientos mil kilómetros, permite que haya de todo a lado y lado, por la convivencia permanente entre los pueblos fronterizos, por una insurgencia colombiana muy activa, Farc y Eln, el trasiego del narcotráfico y el hecho de que ambas naciones son refugio recíproco de delincuentes o insubordinados.

La comunidad internacional debe hacer algo YA  por Venezuela desde la orilla de la prudencia, anteponiendo intereses ideológicos, económicos o sociológicos, porque es la suerte de millones de personas que han tomado partido en la refriega fratricida y evitar de esta manera que se repita lo sucedido en Colombia en donde debido a una disputa política que  comenzó con la muerte de un líder destacada como Jorge Eliecer Gaitán,  originó  una  confrontación interna que lleva   65 años y  que deja un enorme reguero de sangre, muerte, desolación y  pérdidas económicas incalculables y muy lejanas las posibilidades de reconciliación.

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