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Por Ferdinand Alvaro, Jr.
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Para los niños que viven en nuestras ciudades urbanas, graduarse de la escuela secundaria e ir a la universidad puede hacer la diferencia entre una vida llena de oportunidades y el riesgo de quedar atrapados en el ciclo de pobreza generacional.

Desafortunadamente, la situación ya es desfavorable para muchos de estos estudiantes. Ellos son víctimas de un sistema de dos niveles de educación pública, uno que funciona para aquellos que viven en las ciudades y vecindarios ricos, y otro que persistentemente le falla a las familias urbanas de color y de bajos ingresos.

Aunque he sido bendecido con una carrera gratificante en derecho, negocios y servicio comunitario, comencé mi vida adulta como un niño que abandonó la escuela, y sé muy bien lo que va a pasar con estos estudiantes si no nivelamos el sistema educativo. He visto a demasiadas familias que luchan con el temor de que sus hijos no van a ser capaces de lograr una vida mejor a través de la educación y la tragedia de ver esos temores hechos realidad.

Estados Unidos no se trata de esto, y Massachusetts, donde nació este país, debe ser mejor que esto. Corregir esta injusticia social debe ser una prioridad para los líderes políticos, comunitarios y del sector privado.

Aunque los temas son complejos y los desafíos son enormes, no tengo duda de que las escuelas Charter son una parte importante de la solución. Muchas de estas escuelas se han convertido en una gran plataforma para la juventud urbana a la educación superior. Los estudiantes latinos y negros en particular, se han beneficiado de la atención individualizada proporcionada por las Charter, las cuales en muchos casos, han ayudado a superar las barreras de pobreza, de cultura y de lenguaje.

Sin embargo, 37.000 niños en todo el estado se están desanimando en listas de espera para escuelas públicas Charter. La gran mayoría de estos estudiantes viven en comunidades de color y de bajos ingresos, donde las tasas de graduación son menores que las del nivel estatal por casi 16 puntos porcentuales. Menos de la mitad de los que se gradúan asisten a una universidad de cuatro años.

Retando el desafío, una coalición de defensores de la educación ha estado trabajando para conseguir apoyo y ampliar el acceso a las escuelas Charter. Los organizadores presentaron recientemente 73.000 firmas para incluir la pregunta en la balota electoral de este año. Ellos creen, al igual que yo, que nuestro futuro colectivo depende de nuestra capacidad para equipar a todos los de la próxima generación con los recursos y habilidades necesarias para convertirse en ciudadanos y líderes prósperos. Eliminar las limitaciones sobre las escuelas Charter es un paso clave en el cumplimiento de este objetivo fundamental y por eso consideré imperativo unirme a la coalición Great Schools Massachusetts para ayudar a lograrlo.

Según un estudio realizado recientemente por Great Schools Massachusetts, permitir el acceso a las escuelas públicas Charter para los niños que están en listas de espera en distritos de alta demanda, lograría aumentar el dominio de matemáticas e inglés por casi 50 por ciento, bajar las tasas de abandono por más de un tercio, y así lograr que el doble de esos estudiantes tengan la oportunidad de asistir a la universidad. Esto sería un largo camino para convertir a Massachusetts en el primer estado de la nación que nivela el sistema de educación pública para los estudiantes de color y de bajos ingresos–una posición apropiada para el lugar donde los primeros esfuerzos fueron hechos en ayuda a la causa de la libertad e igualdad.

En un famoso error de atribución, Einstein fue citado con la definición de la locura como “hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes”. Independientemente de su origen, el mensaje parece ser cierto. No podemos continuar yendo por el mismo camino desgastado y contar con el fin del ciclo de la pobreza, el crimen y el encarcelamiento.

Vamos a forjar la voluntad de los líderes políticos, comunitarios y del sector privado hacia la erradicación de la injusticia social. Levantemos la próxima generación de líderes.


Ferdinand Alvaro, Jr. es el socio a cargo de la oficina de Boston de Gonzalez Saggio & Harlan LLP, el bufete de abogados más grande la nación propiedad de grupos minoritarios, y co-presidente de su Grupo de Práctica de Derecho Público.

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