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12-maximo-torres[1]Por Máximo Torres

Guste o disguste, los cambios, el desarrollo, la gentrificación ya está en marcha, pero alguien me decía “te imaginas un East Boston sin latinos, sin esa comunidad vibrante, sin Vallenato colombiano, sin “Pura Uva Mami” de los salvadoreños o sin la súper cumbia “Te vas” del Grupo 5 de los peruanos. Según un estudio divulgado por City Life/Vida Urbana, el 90 por ciento de los latinos le dirán adiós a East Boston en un lapso de 10 años.

Los números a lo mejor no cuadran, puede ser una exageración, unas proyecciones alarmistas o como dirían los colombianos “no me mamen gallo”, lo cierto es que la gentrificación (con que se come eso, me decía un cristiano) ya es un hecho. El término es un neologismo que procede del inglés “gentrification” que en buen romance en castellano puede significar “aburguesamiento”, “elitización” o “aristocratización”.

East Boston va camino a ese tipo de desarrollo, a ese proceso de transformación urbana en el que la población original es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo. Ya hay grandes corporaciones de bienes raíces comprando edificios viejos, terrenos y cuánta área esté libre para construir edificios de apartamentos lujosos y fuera del alcance de un trabajador latino que en promedio gana 25,000 dólares al año. El alquiler de un apartamento de dos habitaciones en uno de esos nuevos edificios supera los 3,000 dólares, lo que nos puede mover a la risa o al llanto porque un cristiano debe ganar más de $100,000 al año para vivir en uno de esos preciados lugares.

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Andrés del Castillo que vive en East Boston y trabaja para City Life / Vida Urbana que es una organización que lleva 40 años luchando por la justicia racial, económica y social, me decía “nos están sacando”. El desplazamiento de familias latinas ya comenzó a darse y “no hay quién lo pare”. Lo que pasó con las 22 personas y 9 niños que vivían en tres edificios de la Maverick Street es un claro ejemplo. Los sacaron hace más de cuatro meses de sus apartamentos por un sospechoso derrumbe de una pared posterior de uno de los edificios y hasta ahora siguen en el “limbo” viviendo en un hotel, en Revere.

A partir de esta realidad, no es de extrañar que se tejan mil conjeturas. Lo otro es el alza de los alquileres. Katherine, una joven estudiante que por medio de DACA logró obtener su permiso de trabajo y su licencia de conducir, me decía “me acaban de subir la renta de 900 a 1,400 dólares y a este paso no se si voy a seguir viviendo en East Boston”.

La angustia, el pesar de muchos residentes de clase media y baja en cualquier vecindario es latente y habrá que tener mucha serenidad y resignación. Porque el desplazamiento nos va a afectar a todos, incluyendo a los negocios latinos que son muchos en East Boston. Lo que nos queda es rezar porque las propias autoridades dicen que la transformación urbana es irreversible. ¡Los pobres fuera!!!

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