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Si eso ocurre con las personas nacidas en los Estados Unidos, a quienes les inculcan la cultura del ahorro, qué diremos del inmigrante que vive al día, sobre la marcha o como dicen los productores de pólvora: “volador hecho, volador quemado”.

Uno de cuatro trabajadores se gasta el total de lo devengado, de acuerdo con un informe de Country Financial.

Es preocupante que el 32% de los estadounidenses entre 18 y 29 años no tienen guardado un dólar para retirarse del mercado laboral y disfrutar el júbilo de su última etapa.

Unos no saben cómo hacerlo, o lo peor, otros no ganan suficiente para dejar el 10% para su futuro, que no está tan lejano. La vida es un soplo, el tiempo vuela… la nieve de los años nos llega sin pedirnos permiso.         

Los muchachos que acaban de finalizar su estudio (más aquellos que no aprovecharon su preparación académica) dejan su escaso dinero en ropa de marca, discotecas y otras diversiones que les acortan el progreso.

La mayoría terminó su carrera, cargando una deuda que les tomará media vida en cancelar, teniendo en cuenta los crecientes intereses.

El 46% no tienen reservas de ingresos de clase media. El 55% desconoce algún plan empresarial 401(K). Muchos no tienen idea de invertir.

El típico trabajador inmigrante dejó su juventud en trabajos pesados, enviando dinero a su país para sostener a la familia. Le quedó poco tiempo para aprender inglés y cuidar su salud.

Ya con los años encima y la salud deteriorada quiere regresar a su tierra donde no tiene una jubilación. El retiro de acá tampoco lo aprovechó. Y posiblemente, su esfuerzo lo están disfrutando otros.

Hermanos, es tiempo de cambiar y hacer algo positivo por nosotros mismos.

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