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La bella época de la adolescencia se ve empañada con actitudes humillantes contra estudiantes que tienen condiciones diferentes, no creadas por ellos. La intimidación golpea tanto a ellos como a ellas y puede perturbar el avance académico, la vida familiar, la salud mental, la energía humana y el cumplimiento de los deberes.

Cuando al estudiante se le trata de retrasado mental, desviado sexual, pobre, incapaz, feo, gordo, desgarbado y flaco, desnutrido, maloliente, narizón, chaparro…y otros improperios se le está invadiendo su interior porque esas palabras duelen, sean reales o falsas.

No todas las verdades hay qué pronunciarlas.

Cuando a otro ser humano le decimos sus fallas, le estamos golpeando sus sentimientos e ideas.

“Estás muy pálida, te veo mal, ¿estás enferma?, tu pareja es horrible, qué comiste que te noto mal de salud, deberías pertenecer a otra familia, ese vestido te queda mal”. En fin, el vocabulario callejero también ha invadido las escuelas, creando un ambiente hostil que ha expulsado a muchos jóvenes de los establecimientos educativos.

El nuevo proyecto de ley Contra el Acoso Escolar busca la unión de padres de familia, educadores, policías y estudiantes para mejorar la convivencia en los diferentes grados educativos.

Los homosexuales, inmigrantes, personas de color y aquellos de una agilidad mental diferente son los más vulnerables.

Tenemos que proteger a esa gran población, que será la responsable de manejar el país dentro de pocos años.

Los insultos o chistes hirientes enviados desde el computador y el celular son armas peligrosas que impulsan la violencia.

Ayudemos positivamente a que nuestras palabras y acciones mejoren la vida de aquellos seres humanos que se sienten humillados.

¡Levantemos nuestra voz…con palabras estimulantes!

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