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Por Armando Cardona Cataño
Periodista Colombiano
armandoca@une.net.co

La adopción del nombre de FRANCISCO por parte  del recientemente elegido Pontífice de la Iglesia Católica, el Cardenal argentino  Jorge Mario Borgoglio, tiene  varios y profundos significados históricos que es el momento de recordar para establecer la dimensión, no sólo espiritual del actual Papa, sino para juntar acontecimientos que fueron de notable impacto  dentro de la comunidad cristiana que sigue las orientaciones de Roma.

Dos de las   órdenes religiosas más connotadas de la Iglesia Católica  son la Franciscana y la Jesuita. Su labor en el ejercicio eclesial, ha sido brillante  en los espacios en que ambas  han desarrollado  su gestión espiritual, pero además, han sido, a través de la historia, importantes  actores en el campo de las misiones así como en el pedagógico, siempre inspirados en el mensaje de Cristo.

Empero, hay un hecho histórico que  ha protagonizado de manera singular a estas dos comunidades, porque  el 27 de Julio de 1773 el Papa Clemente XIV,  de origen francés, quien realizó todo su recorrido presbiterial en la comunidad Franciscana, hizo pública la decisión pontificia, conocida como “el breve Dóminus ac Redentor” contentivo de la decisión por medio de la cual se dispuso la extinción total de la comunidad de Jesús, fundada por  el español, Iñigo López de Regalde, conocido en los altares como San Ignacio de Loyola.

Todo parece indicar, a la luz interpretativa de la historia, que este Pontífice accedió a las fuertes  presiones  de la corona española y de los gobiernos  de Nápoles, Portugal y Francia, para que la comunidad de Jesús fuera liquidada, por lo que muchos de sus integrantes tuvieron que optar  diferentes caminos del anonimato, entre ellos Rusia y Prusia en donde fueron muy bien acogidos, especialmente por Catalina la Grande, quien posesionada, y  en pleno ejercicio del poder absolutista que regentó, tuvo en los jesuitas un significativo apoyo para impulsar en varias regiones su acción pedagógica, no obstante  la zarina ser religiosamente confesa de la Iglesia Ortodoxa, a la cual llegó tras abandonar el luteranismo,  para poder de esta manera ostentar la Corona.

Las dos comunidades religiosas fueron fundadas por dos de los más emblemáticos santos de la Iglesia Católica: Los franciscanos por San Francisco de Asís (Giovanni di Bernardoni  1.181 = 1.226) y los Jesuitas, como antes lo anotamos,  por San Ignacio de Loyola en asocio de San Francisco Javier en 1540.

Así las cosas y miradas con la óptica del pasado, nos  encontramos frente al hecho de que el actual Pontífice de la Iglesia Católica, cuando fue conocida su elección en el reciente conclave, y luego se informó a sus cristianos que llevaría en el ejercicio ministerial el nombre de FRANCISCO, algunos pensaron que  por ser miembro de la Orden de Jesús, este nombre tendría relación con el cofundador de su comunidad, San Francisco Javier. Pero ello no fue así, sino que optó llamarse Francisco porque su papado tendría clara tendencia de poner su ministerio al servicio de los pobres, precisamente lo que en su momento inspiró, y luego puso en práctica San Francisco de Asís, quien se entregó a ellos para ayudarlos, dejando de lado sus generosas comodidades económicas, por ser hijo de un acaudalado comerciante romano, Pedro Bernardone.

La comunidad franciscana, tiene dentro de sus principios tutelares y  religiosos, la observancia de  tres normas que son fundamentales y de  imperativo cumplimiento para quienes  resuelven vestir sus hábitos, como son: la  Obediencia, la Pobreza y la Castidad, lo que hace de los Frailes Menores, como también se les conoce, una orden de notable presencia en la Iglesia Católica

Los hechos del  inicio pontifical del actual Papa, están inspirados en estos tres principios franciscanos, con énfasis en la pobreza, lo que en distintas manifestaciones y actuaciones suyas, llevan a pensar que tomó el nombre de FRANCSICO, teniendo para ello como paradigma, lo que ha significado para el cristianismo católico llegar a los pobres, de la misma manera como lo hizo el Poverello de Asís, San Francisco.

La elección del Papa Francisco, como consecuencia  de estos acontecimientos, nos hace pensar que las coincidencias de la historia son dinámicas, las cuales a manera de resumen las enumeramos, así: es muy elocuente  que un Jesuita, adopte el nombre de Francisco, a pesar de que fue un Pontífice franciscano  quien dispuso la extinción de su comunidad de la cual procede, para enarbolar  como símbolo de su ejercicio espiritual, la reivindicación de los pobres, que fue la bandera de San Francisco de Asís, fundador de la orden a la cual pertenecía el Papa Clemente XIV, quien tomó tal determinación; que hubiese sido también en la Rusia Zarista, el resurgimiento, como dicen algunos historiadores, y  el consecuente  regreso de su comunidad  al seno de la Iglesia de Roma; que es el primer Papa de origen Jesuita, y que la primera y más destacada  actuación suya, hubiese sido inspirada por los principios solidarios,  que a lo largo de su vida, practicó San Francisco de Asís, fundador de la comunidad que lleva su nombre.

Finalmente, la historia ha permitido entender,  que franciscanos y jesuitas, de esta manera, restañan las heridas abiertas hace 230 años, de la mano del primer Papa formado en la Orden de Jesús, pero quien quiso llamarse Francisco, olvidando el pasado, para vivir el presente con los pobres del mundo.

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