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Si queremos seguir progresando, tenemos que seguir la línea constante del cambio. Nos tenemos que desapegar a las viejas ideas y métodos que tuvieron éxito en el pasado, pero hoy son parte de la historia.

Un buen ejemplo lo está dando un grupo de padres de familia, estudiantes y educadores que clama por nuevas decisiones en la “East Boston High School” en el tradicional edificio de la White Street.

Con la jubilación del director Michael Rubin –quien vivió una relevante historia en la institución- la comunidad educativa espera un viraje en el sistema académico, debido a la diversidad demográfica que exige una visión diferente.

Estudiantes de América Latina, Asia y África necesitan hoy una mayor atención en el idioma inglés, básico para comprender el resto de materias. Y no solamente el lenguaje, sino también la orientación histórica, social y cultural.

Nuestros niños y jóvenes deben saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos.

Algo similarmente constructivo realiza Verónica Robles en la escuela UMANA, donde adelantan desde hace un año un programa académico, apoyado en el arte y la cultura para conservar las raíces latinas.

Desde la década del 70 hasta la del 2000, durante 30 años estuvo vigente la ley de Educación Bilingüe en Massachusetts.

Ahora nos corresponde a nosotros –de hecho- participar en el Comité Escolar como lo hace María Carrasco en Lynn, y lo proyecta hacer el joven Juan Pablo Jaramillo en Revere.

“Si no cambiamos, nos cambian”.

Esta época, por la gran variedad de la población y la nueva tecnología, necesita una dinámica educativa, más innovadora, con la participación de todos.

Cada persona es importante para el cambio innovador.

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