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Aparte de una cuenta gigante que usted reciba por exceso de tiempo en la línea, es bueno atender algunas recomendaciones para cuidar la salud.

Los manuales traen esta prevención: “mantener el teléfono a 2,5cm del cuerpo”. Esa advertencia debe ser diferente para los niños, que a veces toman el auricular con las manos mojadas o con su cabeza recién bañada.

Los teléfonos no deben ser tratados como juguetes infantiles. Los niños, al igual que sus padres, reciben invitaciones para casinos, loterías y juegos de azar.

Para muchos menores se ha convertido en un “vicio” hasta llegar a robar dinero de su familia para cagar el móvil.

Muchos son acosados sexualmente, reciben insultos, amenazas y material pornográfico, aparte de perder tiempo importante para educarse.

El teléfono en sí no es peligroso, es el uso.

Los inalámbricos han revolucionado positivamente el mundo, acortando distancias y reduciendo costos. Ese pequeño aparato hace las veces del primer computador que llegó hace 45 años, ocupando un salón completo. Hoy lo cargamos en un pequeño bolsillo.

Quedarse mucho tiempo en línea afecta la concentración y mengua la movilidad física.

El intercambio extenso de textos –aparte de su horrible ortografía- crea hábito. Cruzar una calle hablando por teléfono significa un gran peligro.

Aunque muchos lo desmienten, es recomendable desconectar el teléfono a la hora de contestar una llamada. Algunos han experimentado cortos circuitos y explosiones. Es mejor prevenir.

Ya que dependemos de esa pequeña y múltiple herramienta, tomemos todas las precauciones para darle el uso correcto.

El teléfono es útil, no es dañino. Es el uso o el abuso.

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