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Qué bueno hablar de libertad, hoy 4 de julio, aunque muchas “libertades” son simplemente teóricas, como la “independencia” en países de América Latina y El Caribe.

La reforma migratoria debe beneficiar a los trabajadores honestos, que luchan por alimentar y educar a su familia. Quienes quebrantan la ley –en todo el mundo- tienen otro tratamiento, ojalá de corrección e integración a la sociedad.

En la frontera entre los Estados Unidos y México hay 651 millas amuralladas que frenan el desarrollo económico, discriminan a los más pobres y separan a los niños de sus padres. Muchos de los afectados son ciudadanos de USA que tienen familiares sin legalizar su estatus migratorio.

Algunos senadores quieren añadir 20,000 agentes más a la frontera, donde hay aviones no tripulados, torres, garitas, armamento tecnológico y toda clase de obstáculos para evitar la integración entre las dos naciones. Parece más un campo de batalla.

Otros quieren destruir la rica fauna y flora de la línea divisoria.

Quienes repudiaron el Muro de Berlín, imposible que apoyen uno similar en su tierra.

El año pasado, Estados Unidos gastó $18,000 millones en costos para reprimir la inmigración, en lugar de mejorarla.

Construir más muros  costará $9.4 millones por milla.

La frontera tiene una longitud de 3185 kilómetros (1951 millas). Unas 250 personas  -provenientes de América Latina- mueren anualmente al atreverse a cruzar la barrera.

Los puentes nos acercan y comunican. Las paredes nos  apartan.

Cada trabajador honrado demuestra con su labor un  inmenso agradecimiento hacia el país que le brinda hospitalidad.

Una reforma sin barreras dará alivio emocional a millones de padres de familia.

Y la  nueva generación  respirará tranquilamente para educarse y construir un mejor futuro.

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