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Cada uno es dueño y diseñador de su propio destino. Cada cual hace su “mapa del tesoro” en busca de la riqueza escondida. Realmente, lo que ha producido rendimiento y éxito para todo ser humano ha sido la preparación académica, el encuentro con el conocimiento, la investigación y la superación de barreras.

Como hijo de inmigrantes colombianos, Gabriel Gómez, hoy de 47 años, se dio cuenta que él éxito personal no es un juego. Que cada día trae su propio afán, dificultades y oportunidades.

Sin posar de analistas políticos, miremos el perfil de Gabriel como un muchacho de la nueva generación con mucha ideas por desarrollar. Su diferencia con otros soñadores es que Gómez se “lanzó al ruedo” o se “tiró  al agua”, como dice el refrán.

Su declaración de “Todo lo que tengo me lo he ganado” sonaba arrogante para sus opositores, pero realista  para quienes conocemos el camino pedregoso  que hay que transitar para cumplir metas.

Su formación de navegante y piloto en la Fuerza Aérea y el “Navy” le imprimieron disciplina para manejar sus ideas como negociante. Además, su grado en Harvard legitimó su camino triunfador.

Es de los pocos latinos llamado “millonario”, aún por sus contrincantes políticos.

Aparte del resultado del 25 de junio, la carrera de Gómez tiene más de lucha, dedicación, talento y esfuerzo que de suerte o azar.

Las enseñanzas de sus padres son la herencia que nunca se gasta.

Para quienes todo lo ven oscuro, el ejemplo de Gómez nos da una luz de esperanza de que todo es posible.

Nada es gratuito. Todo cuesta disciplina, formación, estudio y mucha concentración en cada paso.

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