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Por Máximo Torres

José Martínez es un inmigrante de origen uruguayo que vive 12 años en Estados Unidos sin papeles. “Yo me siento bien acá”, dice Martínez de 70 años de edad que estuvo recluido cuatro meses en un centro de detención de inmigración para su deportación. “Corrí con suerte, la comunidad de Fitchburg se unió para pagar la fianza y estoy a la espera de hacer mis papeles por asilo político”.

Martínez que según cuenta no había estado en su país ni siquiera en un calabozo tuvo que pasar cuatro meses encerrado en un centro de detención.

No hace mucho Martínez llegó hasta ese centro de detención con un cartel en mano que decía “no más deportaciones”.

“Nuestro único delito es haber venido a este país a trabajar respetando la ley y haciendo cada día las cosas correctas, pero nos están castigando por ser inmigrantes y por haber llegado con un sueño a este país”, anota.

Martínez salió de su país ya mayor luego de separarse de su esposa con la que tuvo cuatro hijos y de haber estado enrolado 20 años en el ejército.

Martínez trabaja en la calle recogiendo botellas y otros materiales para una empresa de reciclaje y dice ganar unos 1,200 dólares al mes. “A veces 1,300 y para mi solo me alcanza, yo vivo en un cuarto pagando 400 dólares al mes, incluido luz, agua y calefacción”.

“Yo ayudo a mi familia, le mando 100 dólares cada que puedo y cuando agarro una semanita buena envío a mi familia todo lo que me sobra”, agrega.

Martínez pide a las autoridades que le den un permiso de trabajo o una licencia de conducir para “no caer de nuevo en manos de la policía” que lo detuvo hace unos cinco meses por manejar sin permiso.

Martínez no quiere que lo regresen a su país por problemas mayormente políticos, además de económicos.

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