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EFE.

Los salvadoreños viven con emoción el preámbulo a la canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado por un escuadrón de la muerte en 1980 y que con su elevación a los altares es ahora el primer santo de El Salvador.

Los aires de celebración se sentían en las calles del país desde el viernes, cuando la policía comenzó un despliegue de 550 agentes para dar seguridad, en espera de que asistieran entre 30,000 y 40,000 feligreses a las distintas actividades de celebración en la capital del país.

El papa Francisco declarará este 14 de octubre en el Vaticano santo a monseñor Romero, quien denunciaba torturas, asesinatos, desapariciones y otras violaciones a derechos humanos durante sus homilías.

El Informe de la Comisión de la Verdad atribuye la autoría intelectual del homicidio de Romero, el 24 de marzo de 1980 por un escuadrón armado de la extrema derecha mientras oficiaba, al difunto mayor del Ejército y fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), ahora en la oposición, Roberto D’Aubuisson.

Desde su deceso, miles han pedido justicia y recientemente organizaciones sociales y grupos de feligreses salvadoreños marcharon hasta los tribunales de justicia para exigir que se agilice la investigación del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero.

“Lo que estamos pidiendo es que se procese y se condena a los asesinos”, dijo a la AP, Catalina Santillana, mientras portaba un letrero demandando “justicia”.

“Vamos a buscar justicia para San Romero de América, queremos que procesen a los implicados. Hay suficientes testimonios, hay informes con los nombre de los asesinos”, agregó Wilfredo Berríos del Frente Social y Sindical Salvadoreño.

Romero fue llamado “la voz de los sin voz” por su incansable trabajo a favor de los pobres e indefensos durante la represión militar que azotó a El Salvador durante la década de los 70.

Había sido elevado a beato en y mártir en mayo del 2015.

EFE

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