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Por falta de previsión o de recursos económicos, el hogar humilde se llena de lodo a la hora de una tormenta, muy especialmente en nuestros paises latinoamericanos. También en los Estados Unidos -pais de la abundancia- la vivienda  de personas de bajos ingresos es objeto de toda clase de amenazas de la naturaleza.

Tal como en México y los países centroamericanos, hoy   Colombia es golpeada por los fenómenos naturales. Hace pocas semanas, decenas de mineros quedaron sepultados en su lugar de trabajo en Amagá, Antioquia. Y hace un par de semanas se desbordaron varias quebradas en Don Matías, dejando sin techo a más de 600 familias y destruyendo 150 pequeños negocios. Una persona falleció cuando se cortó el servicio de energía.

Es el momento de dejar los lamentos y ayudar a los damnificados a construir una nueva vida.

Esa reconstrucción debe ser organizada, contando con la experiencia de personas y entidades especializadas en recaudación de fondos. La buena intención solamente no es suficiente. La distribución y administración de fondos debe tener toda clase de supervisión para evitar interpretaciones erroneas.

En lugar de varios grupos trabajando separadamente, la unión de toda esa energía, bien canalizada, producirá mejores resultados. Hay entidades que prestan ese servicio con toda la transpariencia y organización.

Nuestro llamado es para las familias de buen corazón. Por favor, busquen el camino más rápido y seguro para que la ayuda llegue oportunamente a las personas verdaderamente afectadas.

Ojalá el gobierno emprenda nuevas acciones para proteger los cauces fluviales, sembrando más árboles, limpiando los lechos de las quebradas y regulando la explotación de la naturaleza.

Desde hoy podemos evitar tragedias futuras con un trabajo preventivo, entre todos.