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Nota de la Redacción: Por considerar el tema de gran interés público, reproducimos este editorial de El Nuevo Herald de Miami

6-ninos deportUna inusitada crisis de inmigración se ha desatado en la frontera sur de la nación. El Pentágono anunció que albergará a 1,800 indocumentados menores de edad que han entrado solos al país, la mayoría procedentes de Centroamérica.

La llegada de los menores sin acompañantes adultos ha creado una crisis humanitaria al sobrepasar la capacidad de respuesta de las autoridades.

La cantidad de niños centroamericanos que arriesgan la vida para venir a Estados Unidos se ha duplicado anualmente desde el 2011. Este año se calcula que llegará una cifra récord de más de 60 mil niños indocumentados.

La mayoría de estos niños tienen familiares en Estados Unidos y traen memorizados sus teléfonos y sus direcciones.

Algunos observadores atribuyen el fenómeno de la llegada de menores a las noticias sobre la reforma migratoria en Estados Unidos o a la suspensión temporal de las deportaciones de los jóvenes que vinieron a una corta edad. Sin embargo, la Casa Blanca ha descartado esta razón, señalando que la mayoría de los niños proceden de países con un alto índice de violencia, y no de otros países centroamericanos como Nicaragua o Costa Rica.

En el 2013, en efecto, el 93 por ciento de los menores que cruzaron la frontera sin un acompañante adulto venían de tres países centroamericanos: el 37 por ciento de Guatemala; el 26 por ciento de El Salvador, y el 30 por ciento de Honduras, tres naciones que sufren un desproporcionado índice de crímenes. Solo el 3 por ciento provenía de México.

El gobierno federal merece elogios por afrontar la crisis de una manera humanitaria, mejorando las condiciones de albergue de los menores que han cruzado la frontera y tratando de ponerlos en contacto con sus familiares en el país.

Pero es un remedio temporal a una tragedia que requiere una solución a largo plazo. La crisis enfatiza “la necesidad de abordar el problema de la reforma migratoria”, señaló Josh Earnest, portavoz adjunto de la Casa Blanca.

Mientras tanto, en el otro lado de la crisis, los gobiernos de los tres países de donde sale la mayoría de los niños deben encarar el fenómeno con mayor firmeza.

A la devastadora violencia en Guatemala, Honduras y El Salvador que da lugar a la estampida hacia el norte hay que ponerle un freno.

Esos gobiernos tienen la responsabilidad de combatir a los criminales que están desgarrando el tejido vital de sus sociedades y causando que miles de niños emprendan un azaroso viaje en busca de la salvación al norte del río Grande.

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