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Por David Bonyuet
@DBonyuet

El colapso de la estructura productiva en Venezuela ha originado la escasez más profunda de la que se tenga historia en el país.  Tan grave es la escasez, que afecta a todos los sectores de la vida nacional desde los alimentos básicos, pasando por medicinas, repuestos automotores e insumos industriales.  La problemática, lejos de tener una solución a corto plazo, pareciera predecir una hecatombe en Latinoamérica.

¿Cómo empezó el “NO-HAY”?

La actual escasez no es puntual, ni empezó hace un año ni se restringe a un recurso crítico.  En los últimos quince años, el gobierno “revolucionario socialista” implementó una expropiación salvaje que ha destruido todo tipo de empresas desde cafeteras, cementeras, carnicerías, etc. Más de 80 empresas han sido expropiadas y casi 600 fincas han sido intervenidas bajo el “socialismo”; ahora la mayoría de las propiedades intervenidas están abandonadas.  Por otra parte, durante el “socialismo” un total de 490,192 empresas desaparecieron en Venezuela. Esto ha originado un desplome en la producción tanto de alimentos como de productos que obliga a Venezuela a importar casi el 80% del consumo interno.  

¿Qué tan grave es el problema?    

En el período revolucionario el dólar se ha devaluado en más de 5,000 %, con la problemática de que la producción petrolera cayó casi en un millón de barriles de petróleos.  El precio del petróleo en el mercado pasó de US$11 a más de US$100. A pesar de la bonanza de ingresos sin precedentes, el Estado venezolano ha incrementado la deuda interna en más de 8,500% y la deuda externa en 200%. Todas las empresas básicas del país han sido endeudadas irresponsablemente sin ningún plan de trabajo. Por ejemplo, PDVSA incrementó su deuda en 600% y se sabe que no ha realizado ninguna ampliación.  La corrupción se ha tragado al gobierno.

Con la profunda dependencia de las exportaciones para suplir el mercado interno, el gobierno venezolano estableció líneas de crédito con los países vecinos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guyana, Haití, México, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana, Santo Domingo, Uruguay, etc. quienes han suplido todos los productos que se necesitan en el mercado.   De la misma forma el gobierno se ha constituido en intermediario y vendedor de esos productos al distribuirlos a través de sus canales de mercado popular (MERCAL).  Sin mencionar las miles de toneladas de comidas y medicinas podridas debido a la ineficiencia gubernamental, muchas de esas cuentas en el extranjero se han mantenido sin pagar.  Muchos gobiernos han proveído líneas de crédito para asuntos estratégicos: Rusia y China tienen una multimillonaria línea de crédito que sobrepasa los US$ 100 mil millones según expertos. 

Las deudas sin pagar del gobierno al sector privado venezolano sin pagar del gobierno son tan astronómicamente altas que el mismo gobierno se niega a publicarlas. Pero la realidad salta a la vista: a las aerolíneas les deben US$3,5 millardos, otros US$2,3 millardos a la industria farmacéutica, US$2,4 millardos al sector alimentos, etc.   Lo verdaderamente insólito es que el dinero “regalado” al extranjero por la “Revolución” ya supera su deuda con las empresas venezolanas.

¿Cuál es la consecuencia para América Latina? 

Lamentablemente, esas deudas no tienen como pagarse.  Las reservas líquidas del país han caído 80% a menos de US$2.000.000.000.  Venezuela enfrenta una escasez más profunda, con el agravante adicional de una potencial crisis de insalubridad: brotes epidémicos, faltas de medicinas, hospitales colapsados, fallas fundamentales en la distribución eléctrica y problemas de distribución del agua potable.  Esta crisis de salud podría expandirse por Latinoamérica rápidamente.  

El colapso económico de Venezuela originará un efecto dominó en las economías de los países vecinos. El impacto tendrá una repercusión mundial cuando China, Rusia y algunos países europeos no puedan cobrar los bienes entregados al irresponsable gobierno “socialista”.  

La mega-crisis está latente, la gran pregunta es ¿cuándo explotará?

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