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Al enterarnos de que el suicidio del famoso comediante Robin Williams fue causado por la depresión, miramos la realidad de los inmigrantes y deducimos que dicho trastorno afectivo es una forma de expresión de dolor que se manifiesta con síntomas psíquicos y somáticos, afectando todo el entorno familiar.

Williams lo tenía todo, aparentemente: dinero, posición social, cariño por parte del público y sus colegas, oportunidades de más éxitos y una expresión de alegría que contagiaba y brindaba felicidad a quienes lo veían. Regalaba la felicidad que no disfrutaba en su interior.

El inmigrante -al contrario- carece de una vivienda dónde llegar, no recibe adecuada atención médica, trabaja el doble por la mitad del salario justo, su alimentación no es nutritiva, pierde el sueño pensando en resolver las carencias básicas de su familia. Mira con miedo, sin energía para tomar decisiones. Su familia enfrenta el  peligro de la desintegración.  Vive una lucha permanente con su pensamiento.

Pero, la necesidad hace fuerte al inmigrante. Es valiente ante la dificultad. Afronta la realidad con la esperanza de superarla. No hay frontera que lo detenga, ni trabajo duro que lo venza. Ve los problemas como oportunidades. El amor por los suyos es más grande y sincero cada día, sin importar las crisis del territorio ajeno que pisa.

La depresión ataca al rico y al pobre, al negro y al blanco, al ciudadano y al indocumentado sin discriminación.

Por eso, invitamos a todos los inmigrantes a seguir adelante sin mirar atrás, ganarle la batalla a la angustia existencial y cumplir las metas para el bienestar familiar.

Hay hechos tristes como la muerte de Robin Williams que nos impulsan a valorar más la vida y agradecer todo, aún lo que todavía no ha llegado.

ANIMO contra la depresión.

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