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Nizzy Alayon era la gordita de la familia y nunca le importó llevar una vida saludable hasta que el doctor le dijo que tenia diabetes. “Me asusté porque muchas personas con esa enfermedad pierden sus piernas”, dice.

Por MAXIMO TORRES

Nizzy Alayon tenía 27 años y pesaba 253 libras. Era la gordita consentida de la casa. Sus padres como muchas familias latinas tienen la creencia que “ser gorda es salud”, pero los médicos le detectaron diabetes y eso le hizo dar un vuelco a su vida.

“Es difícil comenzar, quería perder peso, vivir más saludable, pero no sabia como hacerlo”, dice.

Nacida en Lawrence y de padres puertorriqueños que vivían al ritmo de “a comer pastel, a comer lechón, arroz con gandules…”, Nizzy le dio un cambio a su vida enfocándose en quemar calorías y mantener un cuerpo saludable, combinando el gimnasio con una alimentación más balanceada.

“En lugar de pollo frito lo comía al horno, cambié los chocolates por una fruta”.

Hoy en día Nizzy ha perdido 73 libras y se siente una mujer nueva, renovada.

“Me siento como si hubiera vuelto a nacer. Ya no tengo diabetes, mi colesterol está perfecto y ya no tengo problemas con mi presión arterial. soy una ex diabética y lo pude lograr porque fui una persona consciente de mi salud y que sabía que si hacia ejercicios podía perder libras y mejorarme”.

Nizzy se ha fijado ahora como misión educar a la gente con sobrepeso y que tiene problemas con su salud. “Si yo he podido bajar de peso otras personas lo pueden lograr”, anota.

Su mayor ilusión es abrir un gimnasio sólo para mujeres gordas y que tienen la salud por el suelo. Lo que quiere es ayudar a las mujeres que creen que se les ha cerrado las puertas por ser gordas y que no quieren entrar a un gimnasio regular por vergüenza.

“Muchos de los que asisten a los gimnasios no entienden la historia de nosotras las gordas”, apunta.

¿Te fue difícil?

“Las primeras clases siempre son difíciles, tuve que parar varias veces para no ahogarme. Pero no me desanime y seguí gracias a mi instructor Víctor que me ayudó mucho y me hizo perder todas las libras posibles. Ya he perdido 73 libras, seis u ocho talles de ropa y más de 30 o 40 centímetros de cintura. Es una locura”, dice Nizzy mostrando sus curvas para la foto en pleno parque principal de Lawrence.

“Ya no tengo diabetes, mi colesterol está perfecto y ya no tengo problemas con mi presión arterial. soy una ex diabética y lo pude lograr porque fui una persona consciente de mi salud…”

Nizzy siempre fue gordita y cuenta que además de la comida en casa que estaba saturada en grasas le gustaba comer a diario papas fritas, helados, gaseosas y pizzas.

“Lo que más me impactó fue cuando el médico me dijo tienes dos opciones, seguir aumentando libras y vivir mal con la diabetes o perder peso comiendo saludable y haciendo ejercicios. Comencé  en casa y luego encontré un gimnasio en Lawrence. Cambie mis hábitos alimenticios por mucha agua y más frutas y vegetales”, dice Nizzy quien no ha dejado de comer pero ahora lo hace de una manera más balanceada.

las dos

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