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Una acción llena de valor y riesgo, tomada por los 9 estudiantes o “Dreamers” como se denomina el grupo de jóvenes que luchan por normas migratorias que les permitan residencia permanente en los Estados Unidos, nos deja una lección.

Primero, salir del país sin una visa que asegure el regreso, es poner en juego el tiempo ya vivido para tramitar la visa de residente permanente y, más adelante la ciudadanía.

Las leyes actuales de inmigración no cambiarán por una protesta. El Asilo Político o la Visa por Razones Humanitarias obedecen a una legislación ya establecida.

El rechazo inicial a los 9  activistas los lleva a un proceso ante una corte de Inmigración, con posibilidad de deportación.

El pasar a México y cruzar la frontera de regreso a los Estados Unidos, puso a estos muchachos en una situación de admiración pública, pero también en perder el privilegio de seguir viviendo bajo las normas legales. Son impulsos de la juventud, temerarios, astutos, audaces, con repercusiones muy serias frente a la ley y la autoridad.

Conocemos casos de personas que recibieron carta de aprobación de la visa de residente, y salieron del país antes de tener en la mano la “Green Card”. Al querer reingresar fueron  devueltos desde el aeropuerto.

Es difícil conseguir algo a la fuerza o con “exigencias” cuando todavía no contamos con el amparo de la ley.

El Debate, la manifestación, la protesta pública y la participación en audiencias son escenarios apropiados para “mover” el pensamiento de quienes se oponen a la reforma migratoria.

Cruzar la frontera y volver es un verdadero riesgo.

Otros inmigrantes con Asilo Político han vuelto a su país y, de regreso les han dicho “Usted no tenía ningún peligro de estar allí”.

Son casos aislados, pero relacionados.

Los “Dreamers” con su valiosa protesta nos enseñaron que puede más la prudencia, dentro del marco legal, que la violación premeditada de una norma.