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Esta época de fiesta y reflexión, donde se juntan todas las presiones, el ser humano está rodeado de amenazas:  deudas excesivas, salario bajo por un trabajo exigente,  deseos de los hijos por comprar elementos tecnológicos de alto costo,  necesidades de los familiares  en el país de origen,  situación migratoria de personas allegadas,  sueños y deseos no cumplidos y  falta de tiempo para dedicarles a los seres queridos.

La lista es larga. El acoso -en todas sus manifestaciones- produce violencia desde la familia hasta el trabajo, el estudio y los lugares públicos. La semana pasada se presentó un episodio en un vagón de la línea verde del tren metropolitano en Brighton, donde dos personas perdieron control emocional y finalizaron en una disputa física, llena de insultos, improperios y golpes.

¿Quién fue culpable?. No somos jueces.

Una dama embarazada trató de pagar con una tarjeta expirada y, al devolverla la registradora, optó por sentarse. El operador le pidió que pagara la tarifa y ella contestó escupiéndole la cara.

El descontrolado conductor le propinó un golpe en la cara.

Ambos perdieron la paciencia que es “la ciencia de la paz”.

El manejo de emociones es más dificil que la adminisrración de ideas. La inteligencia emocional está por encima de la inteligencia mental.

El ejemplo de esas dos personas en el tren es el vivo reflejo de nuestra realidad. Hay quienes se “desahogan” quebrando la loza, chocando el carro, castigando a los niños y abandonando las obligaciones con la creencia de que la solución está en el bar.

Invocar la paz, la tranquilidd, el equilibrio, el balance de emociones, la comprensión y el control personal, hará que nuestros pensamientos trabajen con armonía. Nada fácil. Cada uno puede hacerse su “terapia” llenándose de fe,  autoestima, confianza en los demás y entendimiento.

Seamos generadores de paz en un campo de batalla que es la vida diaria.

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