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Historias ejemplares

Trece años después de sufrir una grave accidente de auto, Rosa Colon culmina sus estudios en la Massachusetts Law School

Por Sergio Sotelo (sergio@elmundoboston.com) –

El camino que condujo a Rosa Colon a convertir en realidad, el último mayo, un ansiado y varias veces diferido sueño de graduarse de abogada no ha sido fácil. Nada fácil.

Durante años, esta energética y optimista mujer de ascendencia puertoriqueña criada en Dorchester tuvo que conciliar un empleo full-time como empleada judicial con interminables horas en la biblioteca y muchas millas de viaje entre Boston y Andover, donde está el campus universitario de la reputada Massachusetts Law School (MSLAW).

Hasta ahí, la suya no distaría demasiado de las historias de muchas otras jóvenes latinas que exprimen sus energías y su tiempo para labrarse un porvenir. Lo que sucede es que Rosa logró colgarse la toga de graduada después de trece años de mucho sufrimiento, de mucha disciplina, de mucho aliento por parte de su familia y sus profesores, de mucha fe en su capacidad de dejar atrás los peores de los reveses que trae la vida…

En el año 2000, apenas iniciados los estudios de abogacía, Rosa sufrió un grave accidente de auto que le dejó parapléjica y que la confinó a una silla de ruedas. El fatal accidente, que le causó innumerables y recurrentes complicaciones médicas como un coma o un colapso pulmonar, a punto estuvo de arruinar la ilusión que la hoy vecina de Milton había ido alimentando mientras trabajaba como auxiliar en los juzgados de West Roxbury, pertenecientes al Boston Municipal Court.

Pero la voluntad y el ansia de superación pudieron más que la mala suerte. Sostenida por su mamá — “la mujer más fuerte que conozco, mi ángel de la guardia”, dice Rosa—, la ahora flamante abogada fue reuniendo coraje mientras se aplicaba pacientemente a su rehabilitación y aprendía, en un ejercicio de aceptación extraordinario, a lidiar con la limitaciones de su discapacidad. “Casi todo el mundo tiene esperanzas y expectativas que, en algún momento, chocan contra la realidad. Yo jamás imaginé que no podría volver a caminar”, confiesa.

A lo largo de esa década larga, obligada por su delicada salud, Rosa abandonó y retomó varias veces los estudios. En los momentos de flaqueza, siempre contó —con el empuje de su madre, Rosita Colon— con “la compasión y el apoyo” de los profesores de la MSLAW.  “Me dieron tratamiento de ‘alfombra roja’, me sentía casi como una celebridad”, señala esta mujer de 43 años al rememorar los muchos momentos en los que los profesores de su escuela le asistieron con mimo y generosidad.

Aunque consciente de su mérito, Rosa habla con una humildad admirable. Parece preferir dar reconocimiento, más que a su determinación y tenacidad, a las personas que le han acompañado en esta larga aventura. Particularmente, a su mamá, quien se encargó de llevarla a Andover cuando ya no podía conducir y esperaba, tarde tras tarde, en la cafetería de la MSLAW hasta que su hija terminara las clases. “Lo hizo con todo el orgullo y el amor”, apunta. “Mamá nunca se quejó. Siempre creyó en mí”.

Todavía como empleada de los juzgados de West Roxbury, Rosa mira con redoblada esperanza hacia adelante. Su próximo reto es convertirse en juez. Independientemente de si se concreta o no esa ambición, esta combativa mujer disfruta de una satisfacción merecida. “Me hace sentirme mejor persona el saber que puedo inspirar a otras personas a que cambien sus vidas”, remata.

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