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Bienvenidas las flores, el rocío, el renacimiento de la naturaleza y la frescura de las nuevas ideas.

Con la nueva estación florecen las esperanzas de un cambio positivo. Esperamos que el oxígeno primaveral impulse la mente maestra de los legisladores hacia una pronta reforma migratoria.

Que la nueva energía –cambio positivo de la vida- nos  disponga a encontrar el empleo justamente remunerado para educar a la familia, tener el pan de cada día y estar resguardados en el mismo techo con aquellos que más queremos.

Cada estación trae una nueva esperanza. Las ilusiones no tienen límite. Los deseos del ser humano se cumplen, de acuerdo con su actitud de cambio, su fe y la disposición para emprender nuevos desafíos que nos presenta cada nuevo día.

Si vivimos en el país de las oportunidades, no las podemos dejar pasar o que se las lleve el viento.

El compromiso de cada uno es transitar “una milla más”, entregar más de lo que nos piden, rendir más en el horario laboral, hacer más favores de los que recibimos, comprender  a quienes nos combaten y desear el bien a quienes actúan equivocadamente.

Es la época para el renacer de los buenos sentimientos. Tengamos mejores deseos hacia quienes dirigen los destinos políticos y religiosos del mundo. Que los criminales cambien su forma violenta de pensar, sentir y actuar. Que se haga justicia con los más necesitados. Que brille la igualdad para todos.

Al ver el cambio sonriente de la naturaleza, nos debemos disponer a cuidar el agua, el aire, la tierra, los cultivos y los animales que comparten con nosotros la riqueza inmensa del planeta.

¡Celebremos la primavera. Es un bien que nos pertenece!