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Concejales tributan homenaje a Abogado Manuel Macías por su entrega a la comunidad

POR MAXIMO TORRES

En una concurrida ceremonia en la que no faltaron los mariachis y el brindis que se hizo con tequila al mejor estilo mexicano, el abogado Manuel Macías a quien muchos identifican por su ayuda a los inmigrantes, recibió un merecido reconocimiento de la ciudad de Boston por su esfuerzo, dedicación y contribución a la comunidad. “América es para todos”, subrayó Macías en alusión a la tan anhelada reforma migratoria.

Durante el reconocimiento. De izquierda a derecha: Sal LaMattina, Michelle Wu, el abogado Manuel Macías, Félix G. Arroyo y Ayanna Pressley.

Macías recibió sendos reconocimientos de manos de los Concejales de la Ciudad de Boston Félix G. Arroyo, Sal LaMattina y Ayanna Pressley, quienes tuvieron palabras de elogio por su permanente ayuda a la comunidad inmigrante. “Macías representa los valores de justicia”, dijo Arroyo. Michelle Wu, candidata al concejo de Boston, también se sumó a los elogios.

La ceremonia de reconocimiento fue organizada por un grupo de inmigrantes a los que Macías había ayudado a salvarse de la deportación para convertirse en residentes legales y ciudadanos norteamericanos. Christian Morales, Vilma Garza, Jennifer Cornejo y Nadia Vargas dieron sus propios testimonios y agradecieron al abogado Macías por su ayuda.

Macías proviene de una familia humilde de México. Su vida está llena de vicisitudes y anécdotas. Nació en 1960 en el asiento trasero de un coche prestado en la zona rural y a los 5 años ya estaba trabajando para ayudar a mantener a su familia vendiendo helados en la estación de autobuses de la ciudad central de México.

Luego su señora madre lo llevó a vivir a Tijuana junto con sus dos hermanos para de allí partir a los Estados Unidos con el propósito de reunirse con su padre. Se establecieron en el valle de Santa Clara, California, para trabajar en el campo recogiendo fresas, albaricoques y ciruelas. “Al principio no tenían una casa estable y les tocó vivir en un coche y en un armario de una iglesia católica en Morgan Hill”, según cuenta.

Macías asistió por primera vez a una escuela en California y, según dice, los profesores lo relegaron a clases para niños con retraso mental y retraso grave en el desarrollo porque “no podía aprender a leer y escribir inglés”.

En 1979 se graduó de la escuela secundaria de Live Oak, pero como anécdota dice “apenas era capaz de escribir mi nombre”. Después de graduarse, se fue a trabajar en la fábrica Gilroy Foods. En su primer día de trabajo, pasó diez horas de pie con agua hasta los tobillos, lavando las tapas de plástico en un disolvente de limpieza industrial, sin guantes ni botas.

De allí que se convirtió en el líder de los “Teamster Local 890” en Salinas y tras participar en una huelga amarga y prolongada se convirtió en el enlace sindical de la fábrica.

Macías no desmayó en sus estudios, se matriculó en el Colegio Comunitario de Gavilán y luego se le concedió la admisión en la Universidad de California en Santa Cruz. Se graduó en una licenciatura en Filosofía Política y en 1991 viajó a Boston para matricularse en la escuela de leyes en la Northeastern University.

En su primer año de estudios tuvo muchos problemas y fue puesto en probatoria académica, pero no desmayó en sus esfuerzos y estudió 18 horas al día, seis días a la semana. En 1998 se graduó de abogado y abrió su propia oficina.

Macías es uno de los abogados más reconocidos por la comunidad inmigrante, sus oficinas están en el mismo corazón de East Boston, una de las ciudades con más rostro latino, donde lo apoyan profesionales de diferentes nacionalidades, entre ellas Margarita Quinteros, de origen colombiano.

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