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Los conductores de las Escuelas Públicas de Boston regresaron a trabajar la semana pasada, luego de una corta huelga que afectó a la comunidad educativa, empezando por los padres de familia, educadores y niños.

Aunque los jueces no intervinieron, el alcalde declaró ilegal el paro, y el sindicato le quitó el respaldo.

Se quejaron los choferes porque “Veolia Transportation” no les cumple su contrato ni les permite descanso adecuado.

La MBTA y autobuses de la alcaldía cubrieron el vacío, al tiempo que las escuelas abrieron una hora antes para que los padres acompañaran a sus hijos.

Esa fue la parte traumática. Pero LO MEJOR DE TODO fue que los padres y madres tuvieron el privilegio de gozar de la presencia de sus niños por una hora más en la mañana y otra en la tarde.

Realmente, por subsistir económicamente, el trabajador hispano delega la crianza de su familia a conductores, cuidadores y a otras personas extrañas que lo hacen con amor, pero nunca con el afecto y el calor de hogar que sólo brindan papá y mamá.

Somos trabajadores de doble “full-time” pero padres de medio tiempo.

A veces los vemos en la noche cuando duermen y los dejamos en la mañana cuando no han despertado. Los vemos crecer en la cama. El sábado y el domingo son para lavar la ropa y el carro, organizar la casa y comprar los alimentos. Los niños nos acompañan en todo eso que nada les divierte.

Gracias a los conductores por su huelga, que obligó más unión familiar, y nos puso a pensar en la importancia de acompañar a los niños en momentos importantes de la vida.

La parte rescatable de los acontecimientos adversos es la enseñanza que nos dejan.t

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