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Orlando: Una respuesta pastoral de un sacerdote luterano latino abiertamente gay en Waltham

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Por Rvdo. P. Ángel D. Marrero

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Sacerdote, Santuario Luterano en Waltham: “«Se oye una voz en Ramá, de alguien que llora amargamente. Es Raquel, que llora por sus hijos, y no quiere ser consolada porque ya están muertos.» Jeremias 31:15, DHH.

Hermanos y hermanas,

¡Paz a ustedes en nombre de Cristo!

El pasado domingo nos levantamos con la noticia horrorosa del tiroteo más sangriento en la historia de los Estados Unidos. Durante las pasadas horas he guardado silencio junto a mi esposo llorando ante la impotencia de no saber que decir o cómo reaccionar.

En medio del dolor que este acto de odio en contra de mi comunidad latina y LGBTQ, yo creo que el clero cristiano necesita hacer frente a una realidad importante: las manos de la iglesia están ensangrentadas con el holocausto de los mártires de Orlando. Es momento de confesar la homofobia como uno de los mayores pecados de la iglesia. Este cáncer vive anidado en el seno de nuestras tradiciones: en pulpitos, estudios bíblicos, doctrinas y teologías que han fomentado una geografía de odio. Con nuestro silencio hemos sido cómplices en fomentar los pecados de la misoginia, el sexismo, el racismo y la homofobia. Somos responsables de tolerar en medio nuestro una interpretación de las Escrituras que resulta ignorante y asesina, llevando a muchos a la muerte y al sufrimiento. Como líder religioso en la comunidad latina no puedo permanecer en silencio.

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Mis hermanas y hermanos, la masacre de Orlando no es simplemente una manifestación del islamismo radical. Por el contrario es el resultado de siglos en los cuales las tradiciones religiosas han demonizado sistemáticamente y deshumanizado a la comunidad LGBTQ. Si somos honestos y observamos inclusive superficialmente notaremos que este odio asesino es parte de la fábrica misma del Islam, el Cristianismo y el Judaísmo.

Frente a tal realidad espantosa de la sangre inocente derramada en Orlando, siento que debo pedir perdón por la complicidad y el silencio de la Iglesia. Aunque soy un sacerdote luterano abiertamente gay, la tradición a la que pertenezco esta totalmente manchada con el dolor de los inocentes. Pido perdón por el dolor que nuestra indiferencia pecaminosa ha causado, y continúa causando, en todo el mundo.

Finalmente, en medio de todo este sufrimiento, me atrevo a hacer lo único que me consuela en momentos como estos. Esta es mi oración por nuestras comunidades hoy en día:

Sueño con el día en que ser diferente sea una razón para celebrar y no temer.

Espero por el día cuando todos los hijos de Dios puedan vivir juntos sin prejuicios.

Ruego por una temporada donde la justicia no sea un asunto de política sino de humanidad.

Cantó junto al salmista moderno:

¡Venceremos, venceremos, venceremos!

Algún día

¡Venceremos!

Amén.

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