SHARE

Muchos hablan de violencia doméstica, pero pocos se refieren a la PAZ DOMESTICA.  El solo hecho de mencionar la violencia es atraerla.

La criminalidad en las calles es el resultado de hogares desfigurados, abandono de la escuela, escasa remuneración, alimentación deficiente y pérdida de valores humanos.

Cuando falla el hogar –separación de los padres- los hijos se convierten en víctimas. Muchos adolescentes “prueban” los vicios en momentos solitarios. El abandono que sienten los jóvenes, pocas veces lo comunican. Prefieren tragarse las palabras y “explotar” sus emociones en el vecindario protagonizando peleas en medio de la alucinación.

Esos muchachos nacieron buenos, pero se dejaron llevar por las malas costumbres, aprendidas en la esquina.

Cuando hay riñas en la casa, los niños aprenden esa equivocada forma de solucionar conflictos.

De la violencia doméstica se derivan casi todos los males que afectan a la juventud. Casi siempre son culpados los jóvenes por su comportamiento agresivo, copiado de papá y mamá.

Al salir de la casa –que muchas veces se convierte en un infierno- el joven no se alimenta bien y llega desconcentrado a la escuela, donde asimila poco de las valiosas enseñanzas de los maestros. Su mente está ocupada en las escenas violentas que observó en el hogar. Todavía escucha gritos, recuerda golpes y palabras hirientes que le invaden el pensamiento.

Los accidentes también están relacionados con los episodios violentos registrados en el hogar, que deja de ser dulce por la amargura de la discordia. Papá y mamá tampoco rinden en el trabajo porque su mente guarda la película de terror vivida en la cocina o en la habitación.

Hablemos más de paz doméstica, comprensión, tolerancia, paciencia, perdón y buena voluntad.

Que la paz doméstica sea la meta principal de este año en cada hogar, en cada corazón.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.