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En Suffolk County Detention Center en Boston se registran escenas de dolor de familias y activistas que con carteles en mano claman por la liberación de sus esposos, hijos o padres. 

Por Máximo Torres

Familias con sus hijos piden que no deporten a sus esposos.

Frente a las instalaciones de Suffolk County Detention Center en Boston, Marianela Morales que vino hace 13 años de Guatemala llora junto a su pequeño hijo que pedía a gritos a su padre deportado. Norma Velásquez clama entre sollozos la liberación de su esposo, Josue Martínez, de origen salvadoreño, que está recluido desde hace tres meses y medio en ese centro de detención a la espera de su deportación. Sus casos no son los únicos, son muchos los inmigrantes latinos detenidos por inmigración por no tener papeles.

Norma Velásquez y sus dos hijas piden dejen libre a su esposo detenido en centro de inmigración.

“Es una verdadera tragedia, son muchos los niños que celebraron solos el Día del Padre porque sus padres han sido deportados o están presos por Inmigración a la espera de su deportación”, señala Franklin Soults, director de comunicaciones de Massachusetts Immigrant & Refugee Advocacy Coalition (MIRA).

Mientras se discute en el Congreso la aprobación de una nueva ley migratoria, son muchas las personas inocentes, sin récord criminal, detenidas y deportadas. Oscar Díaz, de origen salvadoreño, trabajador de limpieza miembro del Local 615 de SEIU, es uno de los más recientes casos. Por conducir sin licencia fue detenido por la policía y luego recluido en el centro de detención de inmigración para su deportación.

“Lo que estamos pidiendo es que paren las deportaciones, el Congreso debe tomar en serio todos estos casos y cambiar las leyes migratorias lo más antes posible”, enfatiza Soults, quien con Cristina Aguilera también de MIRA y junto a representantes de diferentes organizaciones como el Comité de Vecinos de Cleghorn Center de Fitchburg realizaron una vigilia frente a la cárcel de inmigración.

“Lo que queremos es demostrar que son muchas las familias que están afectadas y que cada día sufren por la detención o deportación de un ser querido”, anota Soults.

Se estima que unas 250 personas están recluidas en ese centro de detención a la espera de su deportación.

El caso de Marianela Morales que se ha quedado como padre y madre de sus dos pequeños hijos desde que deportaron a su esposo a Guatemala donde tiene otros dos hijos tocó el corazón de muchas personas.

Con su pequeño hijo, Marianela Morales llora por su esposo deportado.

“Lo que necesito es una licencia de conducir para manejar a mi trabajo, sin una licencia no podemos salir ni llevar a nuestros niños al hospital porque sentimos miedo de ser detenidos como ocurrió con el padre de mis hijos que fue detenido por manejar para ganarse la vida para nuestros niños”, señala.

Marianela cuenta que su esposo ya no ha podido regresar. “No es fácil atravesar el desierto”, dice.

Norma Velásquez, de origen uruguayo, es otro de los tantos casos. Su esposo Josue Martínez está en el centro de detención de inmigración a la espera de su deportación a El Salvador.

“Esta situación está afectando mucho a la familia, sobre todo al niño más pequeño y no nos parece justo que tras vivir tantos años en este país no nos den la oportunidad de vivir en familia y nos castiguen por el único delito de ser inmigrantes y de haber llegado a este país con el sueño americano”, anota Norma.

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