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Si vinimos a este país en busca de mejores condiciones de vida, no podemos buscar la pobreza. El futuro de los niños depende del entusiasmo de los padres para dirigirlos hacia una mejor educación.

Una realidad que no podemos negar: Somos el grupo minoritario de mayor crecimiento, con el más bajo nivel de logros académicos.

La excelencia educativa debe ser una tarea diaria de padres, profesores y alumnos.

Más de 12.4 millones estudian en las escuelas primarias, medias y secundarias. Los hispanos son el 22% de los alumnos de Kínder al 12° grado en las escuelas públicas de los Estados Unidos.

Menos de la mitad están matriculados en programas de educación temprana. Sólo la mitad se gradúa a tiempo de la escuela secundaria, y entre quienes sí terminan la secundaria, únicamente la mitad está preparada para la universidad de la misma manera que sus compañeros. Un 4% obtiene título de posgrado o profesional.

Tenemos que cambiar esas estadísticas desde la raíz de la familia. No podemos permitir que los muchachos, al ver dólares por su trabajo de verano, abandonen el estudio.

Sin desconocer la importancia del dinero, la verdadera riqueza está en el conocimiento, la buena salud, una vivienda digna, una alimentación balanceada y una mente orientada hacia la prosperidad.

Quien piensa en el salario mínimo, logrará una vida con mínimos beneficios.

La industria, el comercio, los bancos y el gobierno necesitan ejecutivos bien preparados, no “desertores escolares”.

La población hispana aumentó en 15.2 millones en la última década. Y será el  60% del crecimiento nacional hacia el 2050.

Abonemos el terreno para que los niños de hoy sean verdaderos LÍDERES y permanezcan en la escuela.

¡Busquemos la riqueza…apoyados en la educación!

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