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El no pagar la justa remuneración al trabajador es una forma de discriminarlo, de alejarlo de las oportunidades y del poder adquisitivo para mantener dignamente a su familia.

Por desconocimiento del código laboral y temor a la deportación, muchos agachan la cabeza y trabajan  en silencio por un pago que nunca satisface sus necesidades básicas.

A veces trabajan largas jornadas –diurnas y nocturnas- sin el correspondiente porcentaje por las horas extras.

El no portar una visa de residencia permanente los hace sentir relegados, sin derecho a reclamar el salario dispuesto por la ley.

Igualmente, la falta de un entrenamiento o una licencia se convierten en barreras a la hora de reclamar su cheque semanal.

Para aliviar esta situación, la Ciudad de Somerville acaba de aprobar una ordenanza que obliga a los industriales y comerciantes a pagar justamente o –de lo contrario- verán cerrados sus negocios. Sus licencias podrán ser revocadas.

Somerville es la primera ciudad de Massachusetts en anunciar sanciones para quienes abusan de su personal.

Sabemos que Centro Presente y su directora Patricia Montes acompañaron durante un año a los trabajadores que elevaron sus reclamos,  por lo cual se produjo la decisión unánime de los concejales.

El salario mínimo de 8 dólares por hora es respetado hoy  en Somerville. Esperamos que otras ciudades sigan el ejemplo.

El estatus migratorio no le quita los derechos  al trabajador.

El trabajo honesto debe ser remunerado con justicia.