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Por Diego Ettedgui Lacau

Unos opinan que el Barcelona F.C. esta desmotivado, otros que el “tiempo de oro” del ciclo ha llegado a su fin y algunos otros que la enfermedad de su entrenador, Tito Vilanova, ha generado muchas distracciones dentro del propio club.

Todas estas puede que sean razones valederas para un club azulgrana que ciertamente no estuvo acostumbrado a pasar por momentos tan delicados y angustiosos durante la estadía de su ex director técnico, Josep Guardiola, desde el 2008 hasta el 2012. Sin embargo, indiferentemente de todas estas u otras alegaciones que circulan diariamente en las distintas redes informativas, el equipo culé tiene que encontrar la manera de arreglar o, al menos, estabilizar esta “derrama” por la que está atravesando antes de que se les escape completamente de las manos.

El Barça se ha caracterizado en estos últimos cinco años por reflejar armonía, fraternidad, orden, calma y supremacía tanto dentro como fuera del campo, pero al fracasar en la Liga de Campeones (UEFA) y la Copa del Rey frente a escuadras de alto calibre como las son sus eternos rivales, el Real Madrid y el AC Milán de Italia, la situación cambia muchísimo para un equipo que actualmente es muy difícil de catalogar como el mejor del mundo, ya que no cuenta ni con la presencia de un entrenador principal, está desconcertado, herido, y/o en crisis y que, ultimadamente, tendrá que consolarse con sólo ganar la liga española.

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