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Nada hace pensar en una renuncia, como ya hizo tras la Copa América 2016. Aquel año, frustrado por su tercera final consecutiva perdida, anunció su renuncia a la selección cuando aún no había abandonado el estadio de Nueva Jersey tras caer por penaltis ante Chile. Esta vez la calentura es aún mayor, pues se cayó en octavos de un Mundial, pero la reflexión y madurez de Leo, en su modo capitán, también son mucho mayores. Dicho esto, a su llegada a Barcelona, no dijo nada.

Desde que debutó con la selección albiceleste el 17 de agosto de 2005 en un amis-toso ante

Hungría, en un partido en el que fue expulsado apenas 47 segundos después de haber ingresado al campo por un manotazo a un rival, Messi ha sido dirigido por ocho seleccionadores diferentes: José Pekerman (04-06), Alfio Basile (06-08), Diego Maradona (08-10), Sergio Batista (10-11), Alejandro Sabella (11-14), Gerardo Martino (14-16), Edgardo Bauza (16-17) y el actual Jorge Sampaoli. Y ninguno ha logrado sacarle campeón, si bien es cierto que Argentina no gana ningún torneo mayor de selecciones desde la Copa América 93.

El futuro de Leo en la Albiceleste es, a sus 31 años recién cumplidos, una incógnita. Qatar 2022, al que llegaría con 35 años, queda demasiado lejos. El año próximo se disputa la Copa América en Brasil, pero es difícil saber si la jugará el astro, con qué técnico, etc.

La única certeza es que, en casi 13 años, Argentina nunca logró aprovechar a un mito como Leo, lo cual, evidentemente, le pesará en su consideración histórica y en su comparación sempiterna con Maradona. Ningún técnico ha sabido resolver esto: ¿cómo crear el entorno adecuado para que aparezca Leo?

En ese intento, Messi jugó cuatro Mundiales y cuatro Copas América. Llegó a la final en Brasil 2014, a los cuartos en los Mundiales de 2006 y 2010, y alcanzó dos finales continentales: 2015 y 2016. Pero el ansiado título absoluto se le escapó por ahora, y solo puede presumir del oro olímpico dePekín 2008 y el título mundial juvenil de 2005.

El jugador, mientras, ya está en su casa de Barcelona, a la que llegó en un vuelo procedente de Moscú. Junto a Pepe Costa, su sombra en el Barcelona, el capitán argentino fue uno de los muchos jugadores albicelestes que regresó a Europa antes que la expedición oficial de la selección, que abandonó Rusia en un chárter rumbo a Buenos Aires.

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