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Jessica Morena Catturini estaba entregando medallas a los corredores cuando las explosiones la hicieron ver la muerte.

Por Máximo Torres

De padres inmigrantes, Jessica Morena Catturini nació en Boston viendo la maratón.  “Yo crecí con mi papá Ricardo echándole porras a los corredores de los países latinos”, relata esta joven madre que el día de la tragedia en la maratón de Boston estuvo como voluntaria entregando medallas a los corredores.

“Estaba a una cuadra del punto de llegada cuando estallaron las explosiones que nos cambió la vida”, dice.

“Todo cambió, pero la maratón va a seguir, quizás va a ser un poco más difícil, pero yo no voy a vivir con miedo en mi ciudad y eso no me va a quitar de seguir participando. Las explosiones cambiaron la historia a Boston como el 9-11 cambió a Nueva York”, anota.

Todavía impactada por las explosiones, Jessica siente que se salvó de milagro. “Dios estuvo conmigo”, expresa aún turbada por la emoción.

“Sentí muy cerca la muerte, pero este es mi evento y no hay ningún miedo que me vaya a mi dejar de participar”, anota.

Jessica, quien es una joven profesional de origen latino, cuenta que estaba en medio de la calle entregando medallas a los corredores que tienen números oficiales cuando estalló la primera bomba.

“La imagen que me llevo es de terror, vi a uno de los corredores bañado en sangre y vi muchos heridos. Cuando quería irme para la casa todas las calles estaban cerradas, habían policías, bomberos, detectives por todos lados y lo curioso es que la gente no se movía, estaba en trance, no podía creerlo”.

“Mi cabeza no captaba donde estaba, que camino tenía que tomar, en las calles vi familias asustadas, yo andaba con mi chaqueta amarilla y con mi credencial de voluntaria, caminé hasta Jamaica Plain donde mi pareja me recogió”, cuenta.

“Pero ya todo pasó, la calma ha vuelto a mi ciudad que tanto amo y mi hijo Rafael, al igual que yo, seguiremos apoyando la maratón de Boston que es la mejor del mundo”, concluye Jessica.