
El debate político en torno al Mundial FIFA 2026 continúa escalando en Europa. El Gobierno de Alemania confirmó que respetará cualquier decisión que tomen la Federación Alemana de Futbol (DFB) y la FIFA respecto a un posible boicot del torneo, en medio de las crecientes tensiones con Estados Unidos por el futuro de Groenlandia y las amenazas comerciales del presidente Donald Trump.
La postura fue confirmada por Christiane Schenderlein, secretaria de Estado de Deportes, quien dejó claro que el Ejecutivo alemán no intervendrá en una eventual determinación deportiva. “El gobierno federal respeta la autonomía del deporte. Las decisiones relativas a la participación en grandes eventos deportivos o a su boicot competen exclusivamente a las federaciones deportivas responsables”, afirmó la funcionaria, integrante de la CDU, partido del canciller Friedrich Merz.
Schenderlein subrayó que Berlín acatará la valoración que realicen la DFB y la FIFA, sin presionar ni condicionar su resolución. Esta postura institucional refuerza la idea de que el futbol no debe ser utilizado directamente como herramienta política, aunque el contexto internacional haya puesto al Mundial 2026 en el centro del debate diplomático.
Las amenazas de Trump
El tema tomó fuerza luego de que Donald Trump reiterara su intención de que Estados Unidos se apropie de Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca. Además, el mandatario estadounidense advirtió que los países europeos que se opongan a este plan enfrentarán incrementos en los aranceles, lo que ha generado inquietud entre varios gobiernos del continente.
Preparativos del Mundial siguen viento en popa
Mientras tanto, Estados Unidos continúa con los preparativos del Mundial 2026, que organizará junto con México y Canadá. A menos de cinco meses del arranque del torneo, las selecciones afinan detalles deportivos y logísticos, aunque el ruido político comienza a ensombrecer el evento.
Alemania, que nunca ha boicoteado una Copa Mundial de la FIFA, mantiene por ahora una postura prudente. Sin embargo, el hecho de que el gobierno esté dispuesto a acatar un eventual boicot confirma que el conflicto por Groenlandia ha alcanzado una dimensión inédita, en la que incluso el mayor espectáculo deportivo del planeta podría verse afectado.




