
- Martha Karolina Rojas Álvarez, esposa del joven colombiano muerto a manos de ICE en Maine, hace dramático llamado. «Lo que hizo ese agente fue un asesinato”, dice en medio de la desesperación y el llanto con su menor hija de tres años que ha quedado huérfana de padre.
Fin a sus sueños. Martha Karolina Rojas Álvarez, esposa de Johan Sebastián Durán Guerrero, muerto por un agente federal de inmigración, sigue a la espera de los resultados de una investigación que, según dice, nunca terminan. Todo comenzó la mañana del 13 de julio cuando Durán Guerrero se levantó para ir a uno de sus trabajos, limpiando una clínica veterinaria, para nunca llegar. Agentes de inmigración lo detuvieron al salir en su automóvil y en un nada claro incidente resultar muerto.
Un agente federal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) disparó al menos cuatro veces a través del parabrisas del auto que conducía Guerrero, matando al colombiano de 25 años. ICE ha declarado que el joven colombiano intentó huir y que, «temiendo por la seguridad pública, un agente disparó su arma».
Su esposa Martha Karolina no cree en la versión que ha dado el Servicio de Inmigración y clama por justicia. “Quiero que se haga justicia lo antes posible, porque lo que hizo ese agente fue un asesinato”, señala en medio de la desesperación y el llanto con su menor hija de tres años que ha quedado huérfana de padre.

Los abogados de Rojas Álvarez afirman que aún desconocen el estado de la investigación federal sobre el tiroteo y si existe una investigación federal seria en curso. “Hasta ahora no sabemos nada en concreto”, dice la angustiada esposa que recibe a diario manifestaciones de apoyo. Durán Guerrero que tenía una solicitud de asilo pendientes y permiso de trabajo se iba a trabajar cuando fue baleado.
Rojas Álvarez recuerda que su esposo les dio un beso de despedida antes de salir del apartamento cuando escuchó poco después disparos que resonaron en su cabeza. La joven madre de 23 años corrió hacia una ventana y vio el sedán blanco de su esposo dando vueltas sin rumbo en la intersección. Cuando bajó de su apartamento, amigos y vecinos la detuvieron dentro del complejo habitacional por temor a que la arrestaran. “Lo vi cubierto de sangre”, dice.
La policía acompañó a Rojas Álvarez de regreso a su apartamento, en la esquina de las calles Hill y Pool, recibiendo luego múltiples muestras de solidaridad y de rechazo a las políticas migratorias del gobierno de Trump. Los vecinos le hicieron un monumento conmemorativo con las imágenes de Durán Guerrero y de su hija Dulce de 3 años.

La Fiscalía General de Maine la ha ayudado a solicitar una visa especial para víctimas de delitos. Durán Guerrero emigró primero hace tres años a los Estados Unidos y luego cuando Dulce tenía casi un año le envió dinero a su esposa para unirse a sus sueños de construir un futuro para su hija. «No vinimos a hacer nada malo”, subraya la angustiada madre que dice sentirse “muy sola, desprotegida y con mucho miedo”.
La silla de auto de Dulce recibió impactos de bala durante el tiroteo y, según sus abogados, la fiscalía general de Maine la conserva como prueba.
En Biddeford, el lugar del incidente, se pueden encontrar recuerdos de Durán Guerrero por toda la ciudad. En el recuerdo queda un mural pintado con su hija Dulce en el centro, y cintas con mensajes escritos a mano para la familia atadas a los árboles de un parque.




