Adiós al Mundial

Durante 27 días y noches, Boston vibró al ritmo de un balón de fútbol con mareas humanas de aficionados de diferentes países del planeta rodando por distintas calles de la ciudad. Los escoceses acabaron con la bendita cerveza dejando a muchos de otros países sin la bebida espumante con la que ahogar sus penas cuando veían partir a sus selecciones.

Ahora llega su fin con una gran incógnita, quedan los grandes, las apuestas llueven, mientras la Copa del Mundo sigue transformando ciudades, unas más que otras con grandes beneficios al punto que la alcaldesa de Boston, Michelle Wu, quiere que los horarios de cierre de bares y restaurantes sigan abiertos hasta las 3:00 de la madrugada, durante todo el verano.