
Por Luzmar Centeno-Valerio, LUZPORTFOLIO PHOTOGRAPHY
El Concejo Municipal de Boston ha vivido un inicio de año sumamente turbulento tras la elección de Liz Braden como la nueva presidenta del cuerpo legislativo para el periodo 2026.
Lo que tradicionalmente suele ser un proceso de rutina se transformó en una jornada de intensas negociaciones de último minuto y divisiones profundas entre los 13 concejales.
La elección de Liz Braden se recordará como una de las maniobras políticas más astutas y, para algunos, más «sucias» de la política de Boston, donde el poder se decidió en las sombras antes de que se enfrentaran a las cámaras y al público.
Se inicia este ciclo con «heridas abiertas»
Mientras la presidenta Liz Braden se compromete a «curar las heridas» y trabajar con todos los distritos, el desafío inmediato será demostrar que el Concejo puede mantener su independencia política y enfocarse en los problemas críticos de la ciudad (vivienda, educación y justicia climática), más allá de las luchas internas por el poder.
Estas personas han sido electas para tomar decisiones que nos afectan desde la crisis de vivienda hasta como se invierte en la educación de nuestros hijos.
La presidenta del concejo administra los roles, lo que significa que ella es quien establece la agenda de las reuniones y asigna quién preside cada uno de los comités y organiza el presente y el futuro legislativo.
Boston dividido
La elección de Liz Braden no fue solo un cambio de mando, sino el resultado de un «caos» político que ha dejado al descubierto dos visiones opuestas sobre cómo debe gobernarse el Concejo de Boston.
Por un lado, una coalición de diversos concejales que abogan por la experiencia y la estabilidad; por otro, un grupo que denuncia intervenciones externas y falta de transparencia.
Concejales como Sharon Durkin y Ben Weber defendieron la candidatura de Braden (la primera mujer abiertamente LGBTQ+ en presidir el Concejo) como una opción de calma frente a la tempestad.
Durkin destacó el respeto de Braden hacia sus colegas y su capacidad para poner al cuerpo legislativo por encima de intereses personales. Weber, por su parte, subrayó que en momentos difíciles, Braden es la voz capaz de traer productividad al debate
Los concejales Ed Flynn, Erin Murphy y el recién electo Minyard Culpepper apoyaron a Brian Worrell, destacando su labor como presidente del Comité de Vías y Medios.
Worrell con vision clara
Flynn y Culpepper resaltaron que Worrell fue el único que presentó una visión clara y negoció con todos los miembros durante meses. Culpepper subrayó que el rol de presidente es operativo y requiere a alguien que ya haya demostrado capacidad para manejar presupuestos complejos y actuar como un control efectivo ante la administración
Hasta pocas horas antes de la juramentación, todo apuntaba a que el concejal Brian Worrell (del Distrito 4) tenía los votos necesarios para ser el nuevo presidente. Había hecho campaña durante meses y parecía tener un bloque sólido.
Sin embargo, en un movimiento clásico de «secreto de pasillo», se fraguó una alianza de último minuto para frenar a Worrell. El «golpe de efecto» ocurrió cuando Liz Braden, quien no figuraba originalmente como la candidata principal, emergió como la figura de consenso para un sector del concejo, supuestamente con el respaldo estratégico (aunque indirecto) de la administración.
La voz de Julia Mejía
La concejal Julia Mejía lideró una crítica feroz contra el proceso, calificándolo de «falta de coraje político» y denunciando que la decisión fue orquestada por un pequeño grupo horas antes de la votación.
Mejía fue enfática al señalar que este tipo de acuerdos a puerta cerrada erosiona la confianza pública y cuestionó si el Concejo es realmente un cuerpo independiente o simplemente un «sello de goma» (rubber stamp) para la administración. Criticó que el acuerdo se cerró en privado y no mediante un debate abierto sobre las visiones de ciudad.
«Esto es Boston», dijo el concejal John Fitzgerald, indicando que cada concejal busca la mejor posición para cumplir sus promesas a los constituyentes, y que las tensiones de las últimas 24 horas no deben impedir el trabajo conjunto futuro.
Consecuencias de la jugada
La concejal Julia Mejía fue la más directa y vocal, sugiriendo que este grupo de 7 concejales operó en secreto para evitar un liderazgo que fuera «demasiado independiente» del sistema ejecutivo.
Para el buen entendedor pocas palabras «Falta de Transparencia». «Este es un Concejo fracturado, el efecto inmediato es una división racial e ideológica evidente», concluyó Mejía.
¿Quién votó por quién?
La votación terminó 7 a 6, una de las más ajustadas y divididas en la historia reciente de Boston:
Votaron por LIZ BRADEN (Ganadora – 7 votos):
- Liz Braden (Ella misma)
- Sharon Durkin
- Ben Weber
- Henry Santana
- Ruthzee Louijeune (La presidenta saliente)
- Enrique Pepén
- Coletta Zapata
Votos por BRIAN WORRELL (6 votos):
- Brian Worrell (Él mismo)
- Julia Mejía
- Ed Flynn
- Erin Murphy
- Minyard Culpepper
- John Fitzgerald (El voto decisivo que cambió de bando al final).




