

El COVID -19 arrebató la vida a médico peruano que trabajó en Nueva York y Boston.

Por Maximo Torres
Editor, El Mundo Boston
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Cuanto dolor hay en mi alma, la vida de mi hermano, de mi amigo, el doctor Gerardo Yanayaco Benavides o doctor Gerald como le gustaba que lo llamen, se apagó por el maldito coronavirus. Estuvo 30 días en cuidados intensivos en un pequeño hospital de Tramandai, uno de los balnearios playeros de Porto Alegre, Brasil, donde vivía y trabajaba salvando vidas hasta que contrajo el COVID-19 que lo llevó a la muerte. El adiós a un nuevo héroe de la salud, a uno de los más queridos médicos peruanos, se sintió en todo el mundo porque el doctor Gerald supo ganarse el corazón de la gente en Perú, Estados Unidos, Brasil y en otros países, no solo por su entrega para curar a los enfermos como cirujano sino porque se condolía con el dolor de sus pacientes que no tenían dinero para comprar las medicinas y se las regalaba.
Conocí al doctor Gerald por muchos años y lo vi muchas veces sacar dinero de su propio bolsillo para comprar medicamentos para sus pacientes que no tenían dinero. Por eso, la gente lo identificaba como el médico de los pobres y menesterosos.
El doctor Gerald comenzó su carrera como médico en su país de origen para luego buscar nuevos horizontes emigrando a los Estados Unidos para trabajar en hospitales en Nueva York y Boston y llegar a desempeñarse como profesor en Tufts University. Luego emigró al Brasil para estudiar una subespecialidad en el prestigioso instituto Pitalugo de cirugía plástica, en Sao Paulo, para quedarse a radicar en el país de la Zamba y del COVID.
Ahora camino a su última morada, el doctor Gerald fue despedido entre aplausos en el hospital de Tramandai y en medio del dolor de sus compañeros de trabajo, muchos de ellos enfermeras y médicos. La tristeza, la congoja, la frustración e impotencia también se apoderó de su hermana, la doctora Olga Lattarulo, quien voló de Boston a Brasil apenas se enteró de su enfermedad.
«Gracias a todo el cuerpo médico y gracias a todos los residentes de Trimandai, Erechim RS y de otras municipalidades por unirse al dolor de mi familia y del mío propio por la temprana muerte de mi hermano, el doctor Gerardo Yanayaco Benavides, como consecuencia del maldito virus llamado COVID-19», dice su hermana durante el acto de homenaje.
«Los médicos nunca nos dieron falsas esperanzas, por el contrario, siempre nos hablaron de la gravedad de su caso, los partes médicos nos daban voces de alerta, pero nosotros siempre nos aferramos a un milagro de Dios y todos los días llamábamos a la oración».
Con Olga Lattarulo, una poetisa y periodista peruana con quien trabajé en Lima en diferentes medios de comunicación, siguió de cerca la enfermedad de su hermano. Pedía un milagro de Dios, pero llegó lo inevitable hundiéndose en el más profundo dolor. Jamás me hubiera imaginado una muerte tan triste y dolorosa y lloré al lado de su familia porque conocí la grandeza, lo humano que era el doctor Gerald.
Siempre tenía la sonrisa a flor de piel y me decía ‘la vida es tan corta que hay que gozarla al máximo como tu nombre, la vida es una constante lucha como la felicidad’. Gerald nunca tuvo reparos para ayudar a las personas que no tenían para comprar las medicinas. Su excusa siempre era ‘que hago yo revisándolo, atendiéndolo sino tienen para comprar las medicinas. Si no hay medicinas no hay tratamiento completo, de nada sirve’. De ese valor humano era el doctor Gerald que vivió con intensidad la etapa que le tocó vivir en Porto Alegre donde decidió seguir su carrera de médico en uno de los países más peligrosos del mundo. A lo mejor si le ponían la vacuna otra podría haber sido la historia. Hasta siempre mi hermano, mi amigo Gerald.
¡Sigamos cuidándonos! ¡La vacuna salva vidas!




