Los miedos de viajar fuera del país

AIR TRAVEL

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MAXPor Maximo Torres
Editor, El Mundo Boston
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Las redes sociales están llenas de historias, unas más truculentas que otras.

En los últimos días, en medio de la preocupación de personas con “green card” o tarjeta de residencia o de ciudadanos naturalizados como el caso de Wilmer Chavarría, un educador nicaragüense casado con una ciudadana y quien pese a su condición de ciudadano fue interrogado por horas a su regreso de Nicaragua, tomé mis maletas y me embarqué con destino a mi país, Perú, para asistir a la inauguración de los “Caminos del Papa León XIV” que es una ruta turística que muestra los lugares de peregrinación del Sumo Pontífice en los casi 40 años de vida eclesiástica entre Piura, Trujillo, Chiclayo, Apurimac y el puerto de El Callao.

Fue una de las más increíbles experiencias por todo el amor que la gente le tiene al padre Robert o al Obispo Bob en todos los lugares donde pasó su vida sacerdotal hasta convertirse en ciudadano peruano.

Se puede decir que “es un gringo peruano” o como dicen los norteños “el Papa es más chiclayano que el King Kong” que es un manjar muy popular en Perú. El viaje fue corto y ya era hora de empacar maletas y volver a casa. Un día antes de mi regreso llamé a mi agente de viajes de Perú Travel en Boston para que me envíe el “boarding pass” o tarjeta de embarque.

Sentía cierta preocupación, no quiero negarlo, por los casos publicados en redes sociales de personas que habían sido devueltas a sus países de origen pese a ser residentes legales o ciudadanos naturalizados. Las experiencias pueden ser diversas, los miedos, la preocupación de viajar a cualquier destino fuera del país y de enfrentar dificultades a su regreso puede paralizar a cualquier mortal.

Venía de regreso a Boston en American Airlines que para sorpresa no muy grata retrasó el vuelo por más de dos horas y alteró todo el itinerario. Mi viaje original era Lima-Miami-Boston, pero por el retraso me obligaron los de la aerolínea a tomar un vuelo con escalas, así es que hice Lima-Miami-Nueva York-Boston, un tremendo vueltón, pero ni modo. Ya quería regresar a casa, a disfrutar con mis nietos, con mi familia. Pero las dudas me asaltaban. Veía y releía historias en las redes, unas a lo mejor exageradas, crueles o morbosas, pero había personas que decían “en todos mis viajes nunca había tenido miedo, hoy si tengo miedo de volver y me deporten”.

Los casos publicados eran mayormente de inmigrantes de países del Medio Oriente que tienen miedo de que la administración Trump los deporte, pero entre todas estas historias también había personas con “green card” de los países latinos que compartían su preocupación de no volver a casa con sus hijos, con su familia. Conversando con mi amigo abogado de inmigración sobre estos casos me decía “esto se repite desde hace muchos años, personas con “green card” han sido detenidas y deportadas por delitos como drogas, fraude de documentos o por otros delitos que están contemplados en la ley de inmigración. Así es que tranquilo”. Esto lo compartí con amigos que estaban de viaje y que estaban planeando regresar.

A través del correo electrónico había recibido mensajes de amigos que habían decidido cancelar sus viajes por todo lo que se publica en las redes, incluso de una amiga que decidió no viajar al funeral de su padre por temor a lo que le pueda pasar al retornar. Es mucha la preocupación, pero de cierta manera infundada. Mi amigo Víctor Ramírez que retornó poco antes de Perú me reportaba “todo es más que embuste, a nadie lo deportan por el solo hecho de oponerse a Trump”.

Como a cualquier persona le preocupaba pasar por los controles migratorios, más aún por lo que se publica en las redes por las amenazas de la administración Trump de las “deportaciones masivas”.

Llegó el momento, me embarqué en el vuelo retrasado de American Airlines que partió de Lima despuntando la madrugada, estaba sentado al lado de una joven madre con tres pequeños hijos, uno más inquieto que el otro. El avión aterrizó en Miami al promediar las 8:00 de la mañana para luego bajar y formar una larga fila para pasar por los controles migratorios. Con la joven madre fuimos de los primeros y lo que puedo decir como testimonio es que en lo personal no tuve la más mínima observación y lo vi en otros casos, pasé tranquilo para recoger mis maletas y embarcarlas para Boston sin ningún contratiempo. En Miami recogí las maletas sanas y salvas y yo no sé porque en Nueva York me la desbarataron. ¿A quién responsabilizar? ¿Quién será el próximo?

¡Sigamos cuidándonos! Sin salud mental, no hay salud.