¡Qué desgracia!

En las instalaciones de Lawrence Training School, una larga fila de personas espera en medio de rostros de angustia la distribución de bolsas de alimentos mientras la disputa política y legal sigue perjudicando a millones de personas que se han visto afectadas por la suspensión del programa SNAP.

Por Max Torres

  • ¿Quién o quiénes nos quieren matar de hambre?

  • Los demócratas culpan a los republicanos por el cierre del gobierno y los republicanos les tiran la pelota a los demócratas, pero ¿quiénes pagan el pato?

En las instalaciones de Lawrence Training School, una larga fila de personas espera en medio de rostros de angustia la distribución de bolsas de alimentos mientras la disputa política y legal sigue perjudicando a millones de personas que se han visto afectadas por la suspensión del programa SNAP. Dos jueces federales han conminado al presidente Trump para que utilice los fondos de contingencia mientras dure el cierre del gobierno y de tal manera continuar financiando el programa de asistencia alimentaria más grande del país. Sin lugar a duda, Trump va a terminar acatando la decisión de los jueces, pero los resultados de todo esto “han sido letales para muchas familias con niños pequeños o personas mayores”, me decía mi amigo Rafael “Danilito” Guzmán, uno de los más exitosos empresarios dominicanos, quien con toda su familia, amigos y voluntarios salieron a distribuir comida los primeros días de noviembre cuando a millones de personas les recargan las tarjetas para comprar alimentos. Al margen del resultado de los casos judiciales, los beneficios se van a retrasar en noviembre y, según los entendidos, el proceso de recarga puede tardar una semana o más en muchos estados.

El alcalde de Lawrence, Brian DePeña, que lanzó una campaña de emergencia de alimentos para garantizar que ningún residente “pase hambre”, estuvo con “Danilito” Guzmán en todo el proceso de recolección de comida y de distribución entre muchas personas. “Lo que hemos hecho es asegurarnos de que nuestras familias más vulnerables no reciban el impacto de una manera directa por no tener dinero en las tarjetas de SNAP para comprar alimentos”, me decía DePeña.

En las instalaciones de Lawrence Training School, una larga fila de personas espera en medio de rostros de angustia la distribución de bolsas de alimentos mientras la disputa política y legal sigue perjudicando a millones de personas que se han visto afectadas por la suspensión del programa SNAP.

El anuncio de la campaña de emergencia para que “nadie pase hambre” había logrado sus propósitos, pues muchas personas hicieron largas filas en las instalaciones de Lawrence Training School, en la 530 Broadway, cuando sus tarjetas no pasaron para comprar alimentos. Muchos residentes no pudieron recargar sus tarjetas el primer día de noviembre, ya que los beneficios del SNAP se suspendieron debido al cierre del gobierno.

Como coordinador general de la campaña estuvo el concejal Gregory Del Rosario, quien tuvo a su cargo la supervisión de todas las operaciones de recolección y distribución de alimentos no perecederos, artículos de higiene, suministros para bebé y artículos esenciales para el hogar.

El empresario Rafael “Danilito” Guzmán grabó varios videos que luego los subió a las redes sociales para mostrar la necesidad de alimentos de una comunidad que cada vez era mayor. “Nos estamos quedando cortos, tenemos que ir a comprar más productos alimenticios”, decía entre los muchos voluntarios, incluyendo a su familia y a sus nietos pequeños. “Todos tienen que dar la mano, esto es una emergencia”.

Lo bueno de todo esto es que no solo Lawrence sino Boston, Revere, Lynn y otras ciudades de Massachusetts se prepararon para dar la mano a las familias que no recibieron los fondos de sus beneficios de SNAP. Fue una respuesta acertada de todos los sectores, de la gobernadora Maura Healey y de la alcaldesa de Boston, Michelle Wu. Pero se habrá logrado asistir a todas las familias.

Hasta ahora la preocupación mayor es el cierre del gobierno que no se sabe cuándo termine, porque los demócratas jalan de un lado y los republicanos de otro, causando graves daños a la economía con empleados federales sin cobrar, vuelos retrasados en todo el país, además de que se esperan costos más altos si el cierre continúa. Solo nos queda rezar para que esto termine.

¡Sigamos cuidándonos! Sin salud mental, no hay salud.

Maximo Torres Editor de El Mundo BostonMaximo Torres
Editor, El Mundo Boston
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