Tenía una orden de deportación y no lo sabía

Ana Lucía López Belloza.
  • Ann Lucía López Belloza estaba feliz, celebraba su primer semestre en Babson College en Boston, pero la vida le cambió en el Aeropuerto Logan cuando agentes de inmigración la detuvieron y en un abrir y cerrar de ojos la deportaron.

Triste historia. La vida le cambió en un abrir y cerrar de ojos a Ann Lucía López Belloza, una joven inmigrante hondureña que tenía planeado viajar a Texas para compartir con sus padres y hermanas menores su primer semestre de estudios en Babson College en Boston. Estaba feliz, pero todo se convirtió en llanto en el aeropuerto Logan cuando agentes de inmigración la detuvieron y la llevaron a un centro de detención. Tres días después ya había sido deportada a su país al que no había visitado desde que tenía siete años. La razón es que la joven estudiante tenía una orden de deportación efectiva y no lo sabía. Su padre dijo también desconocer la orden de deportación de su hija. «Si hubiéramos sabido eso, tal vez no se habría ido a estudiar a Boston por miedo a que algo le pasara».

López Belloza había recibido una beca para estudiar en Boston y soñaba con abrir una sastrería con su padre. Pero cuando agentes de inmigración la detuvieron en el aeropuerto Logan, todo cambió. Su felicidad se transformó en llanto, quería compartir con sus hermanas pequeñas, de 2 y 5 años, y con sus padres sobre su primer semestre en Babson College estudiando negocios, pero todos sus deseos se enterraron en el aeropuerto Logan.

La joven estudiante está viviendo ahora en la casa de sus abuelos en San Pedro Sula, en Honduras. “No saben lo triste que estoy, siento que estoy perdiendo todo y lo peor es que no pasé el Día de Acción de Gracias con mi familia”.

López Belloza recuerda que un día después de su detención le permitieron hacer algunas llamadas telefónicas breves. Tenía que contarles a sus padres lo que le estaba sucediendo. Y estaba preocupada por la escuela: tenía tareas que entregar y no cumpliría con las fechas límite.

El viernes, la enviaron en avión a un centro de detención en la frontera sureste entre Estados Unidos y México, en Texas, donde pasó la noche.

Mientras estaba sentada en un autobús cerca de la pista en Texas la madrugada del sábado, con esposas en las muñecas y grilletes en los pies, veía que la mayoría de las personas a su alrededor también eran hondureñas, López Belloza se dio cuenta de que probablemente la deportarían ese mismo día. En la oficina local del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Burlington, un funcionario le informó que tenía una antigua orden de deportación de 2017. López Belloza no sabía que existía.

Al comienzo del segundo gobierno de Trump, alrededor de 1.3 millones de personas tenían órdenes de deportación definitivas, pero muchos desconocen que tienen estas órdenes pendientes, dijo Nayna Gupta, directora de políticas del Consejo Americano de Inmigración, quien ha estado ayudando a la familia. Durante décadas, el gobierno federal no priorizó la deportación de personas como López Belloza.

Pero bajo el gobierno de Trump, esto ha cambiado. «Las personas con órdenes de deportación definitivas, como esta joven estudiante de primer año de Babson College, son altamente vulnerables», indicó Gupta.

Su abogado, Todd Pomerleau, que tiene sus oficinas en Boston, dijo que va a luchar para traerla de regreso a Estados Unidos. «Esta joven fue completamente sorprendida por los agentes de inmigración».