“La Otra María”: un viaje musical entre continentes, voces y memorias en Boston

El ensamble instrumental durante la presentación de La Otra María, una propuesta que fusionó sonidos de distintas tradiciones y épocas en la Church of the Covenant, en Boston.

Por Ciro Valiente

Boston — Bajo la luz cálida de una imponente lámpara clásica suspendida frente al altar de la Church of the Covenant, más de 180 personas guardaban silencio expectante el domingo 29 de marzo en Boston. Bastaron las primeras notas para que ese espacio se transformara en un puente entre continentes, siglos y memorias.

La Otra María, presentada por La Donna Musicale bajo la dirección de la venezolana Laury Gutiérrez, no fue un concierto convencional. Fue una experiencia cuidadosamente construida que entrelazó música antigua, tradiciones vivas de América Latina y nuevas creaciones, todo bajo el hilo conductor de “Lo Divino Femenino”.

En escena, el ensamble desplegó una riqueza sonora que dialogaba entre lo histórico y lo contemporáneo. El arpa de Eduardo Betancourt aportó una presencia vibrante y profundamente evocadora, mientras la percusión de Miguel Morales Lavado, con raíces afroperuanas y latinoamericanas, marcaba el pulso con energía y precisión. A ellos se sumaron el violín de Danilo Bonina, las flautas históricas de Na’ama Lion, y el contrabajo de Kirsten Lamb, creando una base instrumental que sostuvo cada momento con elegancia y fuerza.

Para su directora, llevar esta propuesta a Boston tiene un significado particular. Más que una presentación, es una invitación a reconocer una identidad compartida.

“Es una oportunidad para celebrar un tejido sonoro donde convergen Iberoamérica, las raíces africanas y el legado indígena… un lenguaje universal que late con ritmos ancestrales”, explicó Gutiérrez.

Las voces, por su parte, fueron el alma del recorrido. Las sopranos Adriana Ruiz, Cassandra Extavour y Lina Sarmiento, junto a la mezzosoprano Daniela Tosic y el tenor Fausto Miro, llenaron el espacio con una expresividad que oscilaba entre lo íntimo y lo majestuoso.

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Las sopranos Adriana Ruiz, Cassandra Extavour y Lina Sarmiento, junto a la mezzosoprano Daniela Tosic y el tenor Fausto Miro, durante la interpretación de La Otra María en la Church of the Covenant, en Boston.

Desde la apertura con Stella Splendens, reinterpretada con ritmos de cumbia, quedó claro que el concierto apostaba por la fusión como lenguaje. A lo largo de la tarde, el público recorrió piezas que iban desde el barroco europeo —como Marionas de Francisco Guerau y Gaspar Sanz— hasta tradiciones vivas como Candelaria hermosa, además de estrenos como La Espinela de Isis y Morena, la más hermosa.

El cierre, con la Ensalada de María Morena, fue un momento de explosión rítmica y emocional. La fusión de Samba Malató, Pajarillo y Guantanamera no solo unió países como Perú, Venezuela y Cuba, sino también memorias compartidas.

MamamaY fue ahí donde la música dejó de ser solo sonido para convertirse en experiencia.

Luisa Páez, mejor conocida como Mamama, de 95 años, permanecía sentada, pero su cuerpo parecía responder a otro tiempo. Al escuchar el Pajarillo, sus ojos brillaron con una emoción difícil de contener.

“Me trasladé a mi Venezuela. Sentí que algo se metió en mi cuerpo… y me decía que me pusiera unas alpargatas para bailar joropo”.

A pocos asientos de distancia, Carlos Martín cerraba los ojos mientras la música avanzaba.

IMG 9525 1“Me sentí relajado y encantado al mismo tiempo. Las voces, el sonido del arpa… todo me envolvió. Se me erizó la piel cuando escuché el Pajarillo. Y cerca del final… Guantanamera… fue simplemente hermoso”.

Más allá del repertorio, la propuesta dejó una impresión clara: la música no como pieza estática del pasado, sino como una expresión viva que sigue transformándose.

«Aspiramos a que el público descubra que la música antigua es, en realidad, música global, y que nuestra riqueza cultural vive en la síntesis de ritmos africanos, legados indígenas y tradiciones ibéricas que nos conecta a todos», sentenció Gutiérrez.