
Por Max Torres
Por esos azares del destino estuve en Perú para asistir al entierro de la presidenta Dina Boluarte que los rojos querían bajarse desde que asumió el poder por traidora al hijo de su madre de Castillo. Agua Marina, el grupo cumbiambero que salió del infierno de las balas, les dio la fuente para ahogarla. Aún parece un cuento, pero no lo es. Para el mismo José Jerí, el congresista putañero que en cuestión de un abrir y cerrar de ojos pasó a ser presidente del Perú, aún no sale de su asombro en un país sumergido en la violencia, el sicariato y la extorsión.
¿Qué está pasando en el país de las maravillas, en el país con una estabilidad económica mejor que cualquier país de América Latina, con un dólar que se cae cada día dándole mayor valor al sol peruano? Parece de locos, la violencia nos arrastra en un país que florece con las exportaciones y con las inversiones de los chinos en el Puerto de Chancay y de los americanos en el sur del país. Agua Marina, el grupo de música que se pasea por todos lados con su cumbia, fue esta vez el blanco de los sicarios, de los extorsionadores. Les metieron bala en un concierto por no pagar el cupo.
Sin lugar a duda, el Perú es un país por demás folclórico, no sólo por sus tradiciones, cuentos, chistes y música sino porque entre danza y danza los políticos han hecho del folklore una cagazón. Agua Marina, el grupo que por años les dio vida musical a los peruanos, fue el detonante para que el Congreso ponga de patitas en la calle a la presidenta Dina Boluarte por “incapacidad moral permanente” para enfrentar el crimen organizado y la sustituya por José Jerí que por ese entonces ejercía como presidente del Congreso y a quien muchos llaman por la calle de la amargura “el violador”.
Es decir, los congresistas cambiaron a la presidenta de la cirugía estética, de los Rolex, por un tío que tiene un historial por presunta violación sexual. Cierto o no, ya se habla de una nueva cagazón y a lo mejor lo que decía Tulio Loza, el cómico peruano, “saquen del Congreso todos los servicios higiénicos porque los legisladores no hacen ni michi y llévenlos a instalar a palacio de gobierno porque ahí si la están cagando”. A lo mejor sea premonitorio. Porque será, como dicen por ahí, que “hemos pasado de guatemala a guatepeor”.
Jerí es del partido Somos Perú, cuya presidenta Patricia Li, fue vacada como alcaldesa de Punta Negra por corrupción. El ahora presidente tiene anticuchos por todos lados. Además de la denuncia por presunta violación sexual, Jeri tiene otra investigación por no haber asistido a las terapias de control de ira y una tercera investigación fiscal por presunto enriquecimiento ilícito, luego que se evidenció que desde el 2021 hasta 2024 pasó de tener un patrimonio de 90,000 soles a más de un millón de soles.
Con todos estos antecedentes, la pregunta que se hacen ahora muchos peruanos es ¿cuánto tiempo durará en el cargo? Es el séptimo presidente en ocho años. Lo cierto es que el nuevo mandatario de los peruanos corre con mucha suerte y no quisiera despertar de todo lo que le ha regalado la vida, llegó a ser congresista de la nada. Ya había enterrado sus sueños de llegar al Congreso, apenas había logrado captar poco más de 11,000 votos contra los 200,000 que obtuvo Vizcarra, pero días después fue inhabilitado por 10 años para ocupar cargos públicos. La suerte le regaló la curul en el Congreso y ahora la presidencia de la República.
Con 38 años a cuestas y un país que ya no da más por el sicariato, la extorsión y el crimen, Jerí será capaz de enfrentar todo lo que se le viene con las nuevas revueltas y paros. Sólo el tiempo lo dirá. ¡Oremos!
¡Sigamos cuidándonos! Sin salud mental, no hay salud.
Maximo Torres
Editor, El Mundo Boston
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